domingo, 14 de octubre de 2007

Desarticulando las penas que los alimenta




Lentamente me empiezo a destruir…
Me saco una uña, ya no rasguña, es una lástima, pensar que viejas tierras ensuciaron su esmalte, su aroma, su superficie.
Me quedan pocos pelos, en la lengua nunca tuve, en la espalda algunos, en el pecho son pocos, solo abundan en mi otra vida, fiel a mí, placentera como ninguna.
El olfato siempre lo regalé para que me sirva la nariz, pero todo lo que aspiró se convirtió en dolor. No me queda otra, busquaré un nuevo resfrío.
Para que seguir contando, si al fin y al cabo me voy a destruir…; pero es verdad, a la gente le gusta la morbosidad.
Por eso creo, que las manos deben ser ahorcadas, es la única manera de asfixiar su libertad, sus movimientos, su calor…Me da pena confesarlo, pero se han sumergido muchas veces en lugares donde abunda la felicidad.
Me estoy torturando, no puedo engañarme más, es así la desgracia, tan perversa como las rameras que deambulan en las esquinas, en busca de algún chiquillo suelto. ¡Sacrilegio, Dios!
No miro, ciego, tuerto, visco, pirata y dilatado, las secuencias se acostumbran a reflejar la claridad que enloquece al zoom de mis pecados, esos que hice para conocer la belleza de los días. Hoy mis lágrimas se deslizan en gotas rojas, llenas de ardor, empañando mi cara y sacudiendo la rabia de saber que mis ojos ya no miran, solo atinan a pestañar y ser observados como simple reflejos de la oscuridad. Por eso decido vendarlos, para que sepan que la noche está por venir.
Gatear, esa es la idea que nos brindan los formadores de esperanzas, a partir de aquí decidiré arrodillarme y serle fiel a los reyes de la envidia. No caminar, no correr ni recorrer, no saltar, no patear, solo arrastrarnos nos verificará el paso a la desintegración brutal. Es la que queda, ser inocentes, gatear y volver a los días de niñez para ver bien de cerca la basura.
Así que mis piernas serán torturadas a golpes hasta que sus huesos no sean el equilibrio y la firmeza que necesita el hombre para su elegancia vital.
Para que seguir contando, si al fin y al cabo me voy a destruir…, pero es verdad, a la gente le gusta la morbosidad.
Hace tiempo que no hablo, solo opino, por eso debo terminar con los movimientos de mi lengua, ella es la culpable de todas mis palabras divulgadas, de mis frases de amor, de mis puteadas al aire y de los besos llenos de fervor. No merece seguir mojada, ni siquiera saborear y escupir. Su gusto es pobre para los eternos desabridos, no queda otra, deberá ser cortada y estrangulada, para que no pueda decir más sus verdades y de una vez por todas entregarse al silencio.
Sigo pensando, y eso está mal, sigo soñando y eso no es lo que nos enseñaron, sigo escribiendo porque mi cerebro no para de maquinar, debo desactivarlo, para que sus conclusiones no sean imperfectas, recordemos que me estoy destruyendo, y si él sigue contagiando a mis pensamientos de ideas, no terminaré con lo acordado. Bueno, no queda otra mis queridos, es el fin, un golpe letal será el encargado de finalizar éste inmenso mundo de nostalgias, ya no hay tiempo, los minutos se transformaron en segundos, debo terminar con mi escrito, es el final. Sin ojos, sin nariz, sin lengua, sin manos ni uñas, sin piernas, solo me queda autodestruirme el cerebro, es el último paso…



Algo raro pasa, mis palpitaciones son cada vez más rápidas, no paro de suspirar, una sensación de sentimientos me ahoga, no me deja tranquilo, me contagia de risas, de ganas de abrazar y sentir calor, siento felicidad, ardor interior, cosquillas en todo el cuerpo.
¡¡No, no, no!! Es un latido, es plenitud, es amor... que pasa, no entiendo, era el último paso, y todo se dio vuelta…
¡No para de correr mi sangre!
Siento fuerza, ganas de gritar, de correr…¡¡No, mi corazón, no!!



Mariano (el mito de Said)