
Que raro se siente el cuerpo cuando empieza a sentir silencio, las horas son adelantadas a pura mirada. No frena la idea de escapar, pero la única salida es el encierro, donde el corazón se pone duro y late al ritmo de las imágenes del día que pasó.
Tan difícil se hace esquivar las inmutables sombras, que la soledad se acostumbra al sedentarismo, un lugar tan sereno como insoportable. ¿Por qué será que la presión nunca revienta?
Florecen los ruidos en éste cuadro pintado de azul. Fría habitación, acumulada de humo y sonrisas imperfectas. La costumbre de sentir vida, hace que todo se quiebre en porciones estéticamente mal cortadas.
Destilado humor, contagiado por falta de risa, hunde el invierno en húmedas decisiones que se encajan en terrenos de dudas incansables, que demuestran fortaleza en los momentos de definir, asegurando su paso y dejando el rastro débil de la conciencia.
En un mundo abstinente de compasión, las máscaras de éste nuevo carnaval, se caen, desconcertadas y asumiendo su nuevo rol, el de la desolación.
Relatos en el silencio de mi boca y lágrimas despejadas en el interior del alma, construyen la muralla de un corazón que suda más que ayer…Los elementos de la noche sacuden una sed llena de sabores secos y empalagosos, la saliva es tan irritante que termina por caer, babeando su naturaleza.
La lluvia sigue su recorrido, sus gotas (seguras de su espesor) juegan a engañarnos con tibios calores invernales, pero solo agigantan cada vez más a esta inmensa ansiedad, que las vacía antes de naufragar, rompiendo la razón de que todo debe seguir su rumbo.
Siempre esperando llegar, pensando en qué va a pasar…
(Simples y locas creaciones de un solitario lobo, que sigue aumentando su aullido, sin saber que en su viaje, sólo lo puede escuchar su único amor, aquel que en las noches desveladas, lo ayuda a pedir perdón).
Tan difícil se hace esquivar las inmutables sombras, que la soledad se acostumbra al sedentarismo, un lugar tan sereno como insoportable. ¿Por qué será que la presión nunca revienta?
Florecen los ruidos en éste cuadro pintado de azul. Fría habitación, acumulada de humo y sonrisas imperfectas. La costumbre de sentir vida, hace que todo se quiebre en porciones estéticamente mal cortadas.
Destilado humor, contagiado por falta de risa, hunde el invierno en húmedas decisiones que se encajan en terrenos de dudas incansables, que demuestran fortaleza en los momentos de definir, asegurando su paso y dejando el rastro débil de la conciencia.
En un mundo abstinente de compasión, las máscaras de éste nuevo carnaval, se caen, desconcertadas y asumiendo su nuevo rol, el de la desolación.
Relatos en el silencio de mi boca y lágrimas despejadas en el interior del alma, construyen la muralla de un corazón que suda más que ayer…Los elementos de la noche sacuden una sed llena de sabores secos y empalagosos, la saliva es tan irritante que termina por caer, babeando su naturaleza.
La lluvia sigue su recorrido, sus gotas (seguras de su espesor) juegan a engañarnos con tibios calores invernales, pero solo agigantan cada vez más a esta inmensa ansiedad, que las vacía antes de naufragar, rompiendo la razón de que todo debe seguir su rumbo.
Siempre esperando llegar, pensando en qué va a pasar…
(Simples y locas creaciones de un solitario lobo, que sigue aumentando su aullido, sin saber que en su viaje, sólo lo puede escuchar su único amor, aquel que en las noches desveladas, lo ayuda a pedir perdón).
Mariano (el mito de Said)