martes, 6 de noviembre de 2007

Un segundo, nada más...



Bajo la luz de los astros, el cansancio de su alma se empezó a derretir…

Los frascos de la tierra dulce me van a depositar en locuras encerradas de abstinencias. Arde mi estomago (blancos fijos irremontables a la vista), francamente me finiquito en consejos notables, que no quieren saber nada de los rancios espacios, llenos de rumores ciegos y corazones lentos.
Sos una pequeña inyección de tu propio veneno, lastimás hasta convertirte en gusano, despedís amor, amor, y te entregas a la accesibilidad…
Me está costando reunirme en los festejos hereditarios, ya no es lo mismo, la muerte está en todos lados, y nosotros nos manejamos de acuerdo a la velocidad de los días. Pasan los números adictos de vejez; miro mis espadas y ya no clavan, ¿será por falta de bendición?
No sé si actuar ante las ausencias, no sé si la despedida será eterna, por las dudas, la sombra me anima a seguir…
Nunca más me acostaré sin sueño, crecen las flores en ronda, y el espíritu bobo, me contagia de deudas imposibles de pagar.
Me parece que soy el encargado de hacer las piruetas, y no puedo esquivar esta chance tan engorrosa.
Ganar o ganar, si pierdo, todo quedará oscuro, y no es la idea de escuchar cargadas llenas de violencia. Éste juego me encerró, me fastidió y me puso a pruebas con “el de arriba”. Me parece que ahora es la hora de mostrar el cargador y disparar el ardor del quemarropa.
“Lunita” llena de altura, fresca amiga, me quiebro una vez más, y seguro, que esta vez el show me desobedecerá.
Mi vida es un nuevo escenario, atletas (entrenados) están esperando largar, pasivo lugar de escape. Por las dudas me franquearé con mi fiebre, y le pediré que me suelte el miedo que no para de pasear por mis novelas nocturnas.

No me queda lectura, el ruido de crecer me propuso extrañarte, acariciarte y para colmo me crucificó de antemano.




Mariano (el mito de Said)