
...Despegarse del cielo y saber sentir el sueño en lágrimas; matar el fuego, amante de las cenizas del encanto...
Demasiado ajustado corre el deseo en esta aventura imaginativa, cómo el ruido de las almas perdidas.
Gritando, un ave pide camino, lleva a su pichón al delirio; se enfrentó con el aire, sopló, y volvió a suspirar. Contando sus carcajadas, se vio envuelto en un sol desesperado y sus dientes se abrazaron a los silbidos, que pedían en un grito: ¡¡Espacio, espacio!! Luego cayó, y la tierra lo sumergió.
Un espeso barro los guió, las flores desde un costado sentían el temblor, su aroma, cómo sus pétalos, dijeron adiós. La noche bailó en el entierro, danzó con un cielo abierto al espejismo, donde la sombra se fugó por miedo a perder su figura.
El vuelo se transformó en silencio, el espíritu cesó, y fue al revuelo del espanto, donde nunca más durmió.
“¡¡Satán, Satán!! Infierno de hogueras en llamas, tu canto no viene en códigos de ternura, no lleves la distancia a un desvío peligroso”.
Sólo prohibió la entrada y golpeó sin horas, por temor de perder el tiempo. Endulzó y luego saboreó, probó y luego robó; actuó sin creer que el llanto iba a ser de sudor.
Sin vivir, convirtió al animal en hombre, para dejar en claro su oscura postura. La rebeldía saltó, desapareció y enferma de tantas vueltas, comenzó a desatinar su pasado de rabia, que sólo era un bostezo de caras borradas.
Siguió al futuro, enamorado del destino, por las sorpresas que le regala en cada rincón del paraíso; y volvió a ver un cielo despejado, con nubes sin sentido, ni olvidos, pero sorprendidas por el nuevo camino.
El esclavo alucinó, y salió en busca de nuevos castigos: “¡¡Ya no son de dolor!!” exclamó, enfrentando una nueva visión, que contenga al lastimado corazón.
“¿Desparramar el combinado veneno o penetrarlo en mi sien?” Fue la pregunta que definió el albedrío.
Sólo pudo contener una vida, de lástima y fervor. Ver, fue el fin del querer.
Rara y risueña costumbre de dormir en crueles laureles, empeñado en atrapar y resistir el despegue. ¿Qué será de esta pendiente?
Sólo respetó la caída, luego asumió la derrota, y sin penas, volvió a llenar otra copa.
Demasiado ajustado corre el deseo en esta aventura imaginativa, cómo el ruido de las almas perdidas.
Gritando, un ave pide camino, lleva a su pichón al delirio; se enfrentó con el aire, sopló, y volvió a suspirar. Contando sus carcajadas, se vio envuelto en un sol desesperado y sus dientes se abrazaron a los silbidos, que pedían en un grito: ¡¡Espacio, espacio!! Luego cayó, y la tierra lo sumergió.
Un espeso barro los guió, las flores desde un costado sentían el temblor, su aroma, cómo sus pétalos, dijeron adiós. La noche bailó en el entierro, danzó con un cielo abierto al espejismo, donde la sombra se fugó por miedo a perder su figura.
El vuelo se transformó en silencio, el espíritu cesó, y fue al revuelo del espanto, donde nunca más durmió.
“¡¡Satán, Satán!! Infierno de hogueras en llamas, tu canto no viene en códigos de ternura, no lleves la distancia a un desvío peligroso”.
Sólo prohibió la entrada y golpeó sin horas, por temor de perder el tiempo. Endulzó y luego saboreó, probó y luego robó; actuó sin creer que el llanto iba a ser de sudor.
Sin vivir, convirtió al animal en hombre, para dejar en claro su oscura postura. La rebeldía saltó, desapareció y enferma de tantas vueltas, comenzó a desatinar su pasado de rabia, que sólo era un bostezo de caras borradas.
Siguió al futuro, enamorado del destino, por las sorpresas que le regala en cada rincón del paraíso; y volvió a ver un cielo despejado, con nubes sin sentido, ni olvidos, pero sorprendidas por el nuevo camino.
El esclavo alucinó, y salió en busca de nuevos castigos: “¡¡Ya no son de dolor!!” exclamó, enfrentando una nueva visión, que contenga al lastimado corazón.
“¿Desparramar el combinado veneno o penetrarlo en mi sien?” Fue la pregunta que definió el albedrío.
Sólo pudo contener una vida, de lástima y fervor. Ver, fue el fin del querer.
Rara y risueña costumbre de dormir en crueles laureles, empeñado en atrapar y resistir el despegue. ¿Qué será de esta pendiente?
Sólo respetó la caída, luego asumió la derrota, y sin penas, volvió a llenar otra copa.
Mariano (el mito de Said)