
Sujetos a mostrar un perfil solidario, la sociedad empaquetada de individualismo saca a relucir su mejor careta, la teñida de sonrisa fresca y compresible.
Acorralados de incertidumbre, esgrimidos por noticias temerosas, los coterráneos del suelo argentino salen a mostrar su furia llenos de pasión reciclable, amoldada al brillo de su bolsillo. ¿Cuanto vale crecer en tierra fertilizada de sobras y consumo líquido?
Varias conclusiones abren camino a la lealtad mas ejercitada en estos tiempos: la mentira.
Los habitantes cívicos y los “natalias” (que son forzados a pensar por el estómago), no son ajenos a éste “inmundo” lleno de falacias. Separados por realidades diferentes, cada uno en su sitio designado, teje con puntos flojos cada una de las penas que convidan a pensar este ensayo completo de inestabilidad.
Los más cercanos a la “cajita feliz”, desesperan por su intolerancia, acelerados buscando más tiempo que contenga su alocada vida, sin hora de llegada ni salida, corren detrás de un mundo perfecto que les prometieron las liebres liberales, con sus discursos primermundistas, maquillados de perfumes de la vieja colonia y retocados por la caja fuerte del norte americano, inquisidores de la devastación humana que ellos mismos crearon.
¿Como vivir sin auto? ¿Cómo comprar sin tarjeta? ¿Cómo educar siendo cliente?
Preguntas animadas, cerradas y ocasionales, que terminaron por cerrar un acuerdo frío y lleno de ambición.
Perfectos bocetos con finalidades oscuras, se animan a contagiar de miedo el amanecer de los días. Las señoras enrejadas en sus cocinas, espiando lo desconocido por la ventana, las mascotas ensalivadas de rabia, ya no huelen de fidelidad, solo se entrenan para morder su domesticar y los niños conectados en redes florecen en sueños artificiales.
Es difícil producir cuando la diferencia se transforma en fe, las tribus ya no son urbanas, sus ideologías se reivindican por Internet. Chat, blog y flogger, superaron el cosquilleo del beso en la plaza, la habitación y su diario íntimo, en síntesis, a la simpleza del querer ser…
Cuantos finales abiertos colapsan este espejo refinado de inseguridad. Maldita moda de comer antes de tiempo, sin saborear la exquisitez que muestra el plato, levantando el jugo que queda y practicando el último sueño americano.
Ofertas territoriales, agendas que calculan culturas híbridas junto a las luces de Neón, donde brillan sahumerios, relojes chapado en oro y vendedores ambulantes que sonríen como pidiendo perdón.
Los Shopping con su elegancia conjugan su reputación, donde se mezclan los alaridos de los comercios en extinción. Cadenas macro con eslogan nuevo, venden marcas por duración, hay logos por todos lados, es la nueva forma de contención. Hasta los desangelados piden a los gritos su nuevo confort.
Tantas luces, tantos ruidos, no queda nada en el cajón; las últimas monedas se rematan, las latas se mueren de hambre, y el silencio solo se remite a mirar con desolación.
Carreteras llenas de sangre, trenes sin vías ni andén, todos colgados de los vagones, como si fueran los últimos en salir hacia la estación delirio. Aseguran un mundo en proceso de cambio, donde sólo prometen balas veloces para pocos, y furgones sin norte para muchos.
Parece increíble, pero el análisis gráfico de éste paisaje, sólo se anima a mostrar números de inflación, la gente ignora la distancia, y se aleja cada vez más de su razón.
Culpables con aviso, los medios construyen su red, las puertas siempre son abiertas e invitan a saber, pero sus recetas se condimentan con las mañas del vender, ya no anuncian ni declaran, son empresas que comprar e invierten en fascículos que contengan sus monopolios multimediales con el fin de almacenar muchas sensaciones en pocas manos.
Las góndolas del mercado se están vaciando, los piratas asoman sus guadañas y graban por defecto toda la inspiración del alegre autor, que ya fulminado por las industrias culturales, queda resignada su obra en bolsas de plástico sin valor, aniquilando su composición en simples tracks devorados por la abundancia de querer todo y no dar nada.
Piden sin cambio, alineados en la burocracia del deudor, los rostros envejecen y las noches pasan sin pedir una estrella que contenga las ganas de seguir viviendo con ilusión el porvenir.
¡¡Sonidos del progreso, afinado esperma de cotillón, compren la resaca de éste templo, que nosotros fiaremos el amor…!!!
Acorralados de incertidumbre, esgrimidos por noticias temerosas, los coterráneos del suelo argentino salen a mostrar su furia llenos de pasión reciclable, amoldada al brillo de su bolsillo. ¿Cuanto vale crecer en tierra fertilizada de sobras y consumo líquido?
Varias conclusiones abren camino a la lealtad mas ejercitada en estos tiempos: la mentira.
Los habitantes cívicos y los “natalias” (que son forzados a pensar por el estómago), no son ajenos a éste “inmundo” lleno de falacias. Separados por realidades diferentes, cada uno en su sitio designado, teje con puntos flojos cada una de las penas que convidan a pensar este ensayo completo de inestabilidad.
Los más cercanos a la “cajita feliz”, desesperan por su intolerancia, acelerados buscando más tiempo que contenga su alocada vida, sin hora de llegada ni salida, corren detrás de un mundo perfecto que les prometieron las liebres liberales, con sus discursos primermundistas, maquillados de perfumes de la vieja colonia y retocados por la caja fuerte del norte americano, inquisidores de la devastación humana que ellos mismos crearon.
¿Como vivir sin auto? ¿Cómo comprar sin tarjeta? ¿Cómo educar siendo cliente?
Preguntas animadas, cerradas y ocasionales, que terminaron por cerrar un acuerdo frío y lleno de ambición.
Perfectos bocetos con finalidades oscuras, se animan a contagiar de miedo el amanecer de los días. Las señoras enrejadas en sus cocinas, espiando lo desconocido por la ventana, las mascotas ensalivadas de rabia, ya no huelen de fidelidad, solo se entrenan para morder su domesticar y los niños conectados en redes florecen en sueños artificiales.
Es difícil producir cuando la diferencia se transforma en fe, las tribus ya no son urbanas, sus ideologías se reivindican por Internet. Chat, blog y flogger, superaron el cosquilleo del beso en la plaza, la habitación y su diario íntimo, en síntesis, a la simpleza del querer ser…
Cuantos finales abiertos colapsan este espejo refinado de inseguridad. Maldita moda de comer antes de tiempo, sin saborear la exquisitez que muestra el plato, levantando el jugo que queda y practicando el último sueño americano.
Ofertas territoriales, agendas que calculan culturas híbridas junto a las luces de Neón, donde brillan sahumerios, relojes chapado en oro y vendedores ambulantes que sonríen como pidiendo perdón.
Los Shopping con su elegancia conjugan su reputación, donde se mezclan los alaridos de los comercios en extinción. Cadenas macro con eslogan nuevo, venden marcas por duración, hay logos por todos lados, es la nueva forma de contención. Hasta los desangelados piden a los gritos su nuevo confort.
Tantas luces, tantos ruidos, no queda nada en el cajón; las últimas monedas se rematan, las latas se mueren de hambre, y el silencio solo se remite a mirar con desolación.
Carreteras llenas de sangre, trenes sin vías ni andén, todos colgados de los vagones, como si fueran los últimos en salir hacia la estación delirio. Aseguran un mundo en proceso de cambio, donde sólo prometen balas veloces para pocos, y furgones sin norte para muchos.
Parece increíble, pero el análisis gráfico de éste paisaje, sólo se anima a mostrar números de inflación, la gente ignora la distancia, y se aleja cada vez más de su razón.
Culpables con aviso, los medios construyen su red, las puertas siempre son abiertas e invitan a saber, pero sus recetas se condimentan con las mañas del vender, ya no anuncian ni declaran, son empresas que comprar e invierten en fascículos que contengan sus monopolios multimediales con el fin de almacenar muchas sensaciones en pocas manos.
Las góndolas del mercado se están vaciando, los piratas asoman sus guadañas y graban por defecto toda la inspiración del alegre autor, que ya fulminado por las industrias culturales, queda resignada su obra en bolsas de plástico sin valor, aniquilando su composición en simples tracks devorados por la abundancia de querer todo y no dar nada.
Piden sin cambio, alineados en la burocracia del deudor, los rostros envejecen y las noches pasan sin pedir una estrella que contenga las ganas de seguir viviendo con ilusión el porvenir.
¡¡Sonidos del progreso, afinado esperma de cotillón, compren la resaca de éste templo, que nosotros fiaremos el amor…!!!
Mariano (el mito de Said)







