viernes, 19 de septiembre de 2008

Balas del progreso


Sujetos a mostrar un perfil solidario, la sociedad empaquetada de individualismo saca a relucir su mejor careta, la teñida de sonrisa fresca y compresible.
Acorralados de incertidumbre, esgrimidos por noticias temerosas, los coterráneos del suelo argentino salen a mostrar su furia llenos de pasión reciclable, amoldada al brillo de su bolsillo. ¿Cuanto vale crecer en tierra fertilizada de sobras y consumo líquido?
Varias conclusiones abren camino a la lealtad mas ejercitada en estos tiempos: la mentira.
Los habitantes cívicos y los “natalias” (que son forzados a pensar por el estómago), no son ajenos a éste “inmundo” lleno de falacias. Separados por realidades diferentes, cada uno en su sitio designado, teje con puntos flojos cada una de las penas que convidan a pensar este ensayo completo de inestabilidad.
Los más cercanos a la “cajita feliz”, desesperan por su intolerancia, acelerados buscando más tiempo que contenga su alocada vida, sin hora de llegada ni salida, corren detrás de un mundo perfecto que les prometieron las liebres liberales, con sus discursos primermundistas, maquillados de perfumes de la vieja colonia y retocados por la caja fuerte del norte americano, inquisidores de la devastación humana que ellos mismos crearon.
¿Como vivir sin auto? ¿Cómo comprar sin tarjeta? ¿Cómo educar siendo cliente?
Preguntas animadas, cerradas y ocasionales, que terminaron por cerrar un acuerdo frío y lleno de ambición.
Perfectos bocetos con finalidades oscuras, se animan a contagiar de miedo el amanecer de los días. Las señoras enrejadas en sus cocinas, espiando lo desconocido por la ventana, las mascotas ensalivadas de rabia, ya no huelen de fidelidad, solo se entrenan para morder su domesticar y los niños conectados en redes florecen en sueños artificiales.
Es difícil producir cuando la diferencia se transforma en fe, las tribus ya no son urbanas, sus ideologías se reivindican por Internet. Chat, blog y flogger, superaron el cosquilleo del beso en la plaza, la habitación y su diario íntimo, en síntesis, a la simpleza del querer ser…
Cuantos finales abiertos colapsan este espejo refinado de inseguridad. Maldita moda de comer antes de tiempo, sin saborear la exquisitez que muestra el plato, levantando el jugo que queda y practicando el último sueño americano.
Ofertas territoriales, agendas que calculan culturas híbridas junto a las luces de Neón, donde brillan sahumerios, relojes chapado en oro y vendedores ambulantes que sonríen como pidiendo perdón.
Los Shopping con su elegancia conjugan su reputación, donde se mezclan los alaridos de los comercios en extinción. Cadenas macro con eslogan nuevo, venden marcas por duración, hay logos por todos lados, es la nueva forma de contención. Hasta los desangelados piden a los gritos su nuevo confort.
Tantas luces, tantos ruidos, no queda nada en el cajón; las últimas monedas se rematan, las latas se mueren de hambre, y el silencio solo se remite a mirar con desolación.
Carreteras llenas de sangre, trenes sin vías ni andén, todos colgados de los vagones, como si fueran los últimos en salir hacia la estación delirio. Aseguran un mundo en proceso de cambio, donde sólo prometen balas veloces para pocos, y furgones sin norte para muchos.
Parece increíble, pero el análisis gráfico de éste paisaje, sólo se anima a mostrar números de inflación, la gente ignora la distancia, y se aleja cada vez más de su razón.
Culpables con aviso, los medios construyen su red, las puertas siempre son abiertas e invitan a saber, pero sus recetas se condimentan con las mañas del vender, ya no anuncian ni declaran, son empresas que comprar e invierten en fascículos que contengan sus monopolios multimediales con el fin de almacenar muchas sensaciones en pocas manos.
Las góndolas del mercado se están vaciando, los piratas asoman sus guadañas y graban por defecto toda la inspiración del alegre autor, que ya fulminado por las industrias culturales, queda resignada su obra en bolsas de plástico sin valor, aniquilando su composición en simples tracks devorados por la abundancia de querer todo y no dar nada.
Piden sin cambio, alineados en la burocracia del deudor, los rostros envejecen y las noches pasan sin pedir una estrella que contenga las ganas de seguir viviendo con ilusión el porvenir.
¡¡Sonidos del progreso, afinado esperma de cotillón, compren la resaca de éste templo, que nosotros fiaremos el amor…!!!
Mariano (el mito de Said)

lunes, 28 de abril de 2008

La piel bajo una nube de banderas


Frescas combinaciones abrieron el camino en el atardecer, el calor profundo de un sol nocturno calcinó la temperatura del cuerpo.
La piel bajo una nube de banderas rojas se derritió, y la cera del cuerpo fue cayendo lentamente, dejando marcas secas, mientras el fuego seguía firme y alentador.
Cubiertos por bengalas de luz, los ojos de búho se deslizaron y la vista cayó, los párpados bajaron las persianas, el cuerpo de apoco fue sintiendo un cosquilleo de plumas mojadas; mientras los brazos del sereno y salado bosque acuático, se iban transformando en aletas de telgopor, con un pedestal de madera sólida y avejentada.
La base del suelo prohibía plataformas planas, los dedos del pie debían hundirse, sentir placer y asco a la vez. Una combinación de aguas verdes y humectantes caminos de tierra. Un verdadero caldo de cuerpos agobiados por temperaturas del nuevo calendario.
Islas artificiales acomodaban las pieles de ciudad, los jóvenes artistas del nuevo modelo global, acondicionaban sus abdominales con cremas protectoras que benefician a la belleza de ese bloque de tierra.
Mientras tanto, los lábaros publicitarios invitaban a consumir sus condiciones estacionales a un buen precio, siempre y cuando, las tarjetas en línea, no terminen su crédito.
Poco era el estrépito del viento, que guardó su irritación para un día más velado, donde puedan despertarse los dueños del lago y bailen su danza de serpientes, donde el oleaje se arrastra, se eleva, escupe sus aguas y arrasa a su propio estado natural.
Más abajo, donde los peces avisan por intermedio de sus burbujas el bienestar de su comunidad, la oscuridad de las profundidades se desenvuelve e invita a una ceguera mojada, llena de cardos inocentes y restos de piedras de la vieja colonia (en esos tiempos, el cuerpo era sólo para acariciarlo) .
No existe ningún tesoro, ni siquiera bellas sirenas, todo parece propio de la naturaleza, todo..., pero sí, hay algo extraño, algo que está clavado en las depresiones, pareciera una botella gigante y vieja, decorada por bombas de tierras, pero en su interior no se ve ningún tipo de documento, ni algo que se le asimile. Pero por algo está, y creo que la mano del hombre está involucrada, es decir, uno debe imaginarse algo lindo, llamativo, bello; pero la realidad no remite a eso, es más, su formato de hierro es la mejor arma para lastimar a la más delicada piel . Es cierto, cuando uno busca mejorar el paisaje, es muy factible que lo termine por destruir, principalmente cuando las ideas devastan las miradas.
No queda otra, los golpes del chimpancé anuncian su furia, la invasión se transforma en incomodidad y los renegados terminan por ser los inadaptados, acá y allá. Siempre se apuntó al que calla, mientras que el que habla es el conquistador de las palomas mensajeras.
“Plasmen y sigan...”, aquella muestra es el cuadro que aturde y enmudece, están aquí para ser sirvientes de los demoledores, aunque caigan miles de sus hormigas, ellos siguen capitalizando tus energías; siempre y cuando vos y todos tus fieles, propongan un nuevo espacio subterráneo.



Mariano (el mito de Said)

sábado, 19 de abril de 2008

Buen día calle x


Cargado de nostalgias sigo esperando la salida. He decidido retirar por un tiempo ésta solemnidad de incertidumbres llamada duda (tan desinteresada y contagiosa de frutos mal picados).
Duele este nuevo rumbo, duele, pero es la única forma de despegar, sentir confianza y contener el aire.
Hoy la fiebre parece más dura, el cuerpo se desploma y trae consigo un montón de debilidades.
Pensar que ayer fui un triste soñador, ahora, bien echado a la suerte, me equivoco y vuelvo a frenar la risa. No digo más, trago líquidos que abruman a mi estómago, entrego placeres sin sentir la piel, es así este éxodo, no queda otra, alquilo un par de lágrimas, escupo fragancias en mal estado y sueño tu cuerpo una y otra vez...
En mis oídos, la bella melodía se adueña cada día más de mis impresiones, ya no tengo cámaras que implanten ojos fijos y sorderas impresentables. Todo es distinto, inundado de nuevos ruidos, acelerado van mis pasos, mi cuello gira ante las bocinas de un barrio que no es el mío. Las tiernas animadoras de calenturas virtuales, hacen derretir las imaginaciones. Pero acá, la claridad visual, enfoca veredas, baldosas sueltas y zapatos de todo estilo. Muy pocas veces, las pupilas emocionan rostros desesperados.
Cruzo las dimensiones calificando las densidades de los paseantes bien peinados. Parezco un perdido lleno de ambiciones. “...Muy bien arreglado y la camisa enredada de nuevos perfumes, salgo a matar, bajo sospecha y sin ningún tipo de reglamentos...”
¿Será así la calle x?
Quiero saber si hoy podré descubrir un kilo de amor, muy recta es la tragedia de este monólogo, un montón de luz tengo para entregar, un pecho abierto al gusto más dulce, una sonrisa reclutada de nervios y miles de pinturas para colorear una nueva bandera.
Sí, solo es el viaje, pero nunca me tire antes de chocar. Juntando voluntades, desnudando saludos y galopeando tras un cielo gris, te encontraré. De ahí en más, el brillo de la noche resplandecerá en mis ojos y las masas amontonadas abrirán paso, se ajustarán a un nuevo disparo, caerán y se despertarán en el punto central de mi nueva calle...
X vos, renovaré el apetito.





Mariano (el mito de Said)

miércoles, 27 de febrero de 2008

Aliado a la metamorfosis
















Eran bellas esas noches que ignoraban la estupidez del día y la inmortalidad del sol. Siempre con abrigos desinflables, con chalina y perfume decorado a los ambientes espesos.
Haragán hasta el cuello, pocas veces me entregaba fácilmente al ruido, prefería ser uno más de los colgados en sus increíbles utopías. Era así, ni más ni menos, surfeaba a lo lindo en esa adolescencia al borde de la caída, lleno de infancia en la cara…
Los monigotes del barrio se asustaban a la hora de saludar, se creían que un par de mocosos individualistas podían causarles daño. Nada importaba, los detalles eran parte de la imagen ajena, los pelos al aire, la sonrisa estampada para mostrar el estado, y el miedo interno no se exponía, siempre guardado en lo más profundo del alma.
Largas e interminables seducciones se asomaban en las calles de los recuerdos perfectos. Aliado a la metamorfosis, desencajado y reciclando hojas secas que amoldaban la historia de los estrategas del incendio.
Comer rápido, salir sin pensar, enfrentarse a los nuevos campos de batallas sin palabras, pero llenos de semillas de costillas quebradas, que se doblaban por el solo hecho de recoger un chiste absurdo y ligero. Que pasado tan bello, que tardes soleadas y enamoradas de los rocíos que masajeaban la presencia.
El paisaje de las cuadras ajenas me seducía tanto, que era capaz de saludar a un ciego sin que se me escapara la vista.
Perfección de sonidos, parlantes que agitaban mis sueños, miradas tan espantosas que cotizaban mi alma a la oscuridad. Todo, era todo, hasta los defectos caían sin sobresaltos.
Salado, dulce, agrio, ácido... gustos que saboreaba en cada acontecimiento que se presentaba. Piernas perfectas, besos finales, suavidades vestidas de piel, tragos que chupaban mi garganta, anillos de humos que desencajaban a mis ojos de sangre...Que buenos ruidos, que apasionados ruidos...
Tengo tantos carnavales que amaron a mi rostro, que hoy no sé que hago con la careta en mis manos. Fotos, carteles callejeros, mentiras llenas de verdades, recuerdos claros, pasado luminoso, sin venganzas ni odios por comprar.
Que cambio voraz, que dolor tan sensorial, que días raros, oscuros, desalineados. Cuantos versos llenos de nostalgias...que lágrima compleja y espesa...que corazón repleto de amor y melancolía.
Porqué será que los años no paran de refugiarse en las novelas del ayer, porqué será que no me acostumbro a llevar esa cruz que me arruinó el camino…

Descansa, mañana será otro día...



Mariano (el mito de Said)

jueves, 7 de febrero de 2008

Sumergidos en el fin del adiós



...Despegarse del cielo y saber sentir el sueño en lágrimas; matar el fuego, amante de las cenizas del encanto...

Demasiado ajustado corre el deseo en esta aventura imaginativa, cómo el ruido de las almas perdidas.
Gritando, un ave pide camino, lleva a su pichón al delirio; se enfrentó con el aire, sopló, y volvió a suspirar. Contando sus carcajadas, se vio envuelto en un sol desesperado y sus dientes se abrazaron a los silbidos, que pedían en un grito: ¡¡Espacio, espacio!! Luego cayó, y la tierra lo sumergió.
Un espeso barro los guió, las flores desde un costado sentían el temblor, su aroma, cómo sus pétalos, dijeron adiós. La noche bailó en el entierro, danzó con un cielo abierto al espejismo, donde la sombra se fugó por miedo a perder su figura.
El vuelo se transformó en silencio, el espíritu cesó, y fue al revuelo del espanto, donde nunca más durmió.

“¡¡Satán, Satán!! Infierno de hogueras en llamas, tu canto no viene en códigos de ternura, no lleves la distancia a un desvío peligroso”.

Sólo prohibió la entrada y golpeó sin horas, por temor de perder el tiempo. Endulzó y luego saboreó, probó y luego robó; actuó sin creer que el llanto iba a ser de sudor.
Sin vivir, convirtió al animal en hombre, para dejar en claro su oscura postura. La rebeldía saltó, desapareció y enferma de tantas vueltas, comenzó a desatinar su pasado de rabia, que sólo era un bostezo de caras borradas.
Siguió al futuro, enamorado del destino, por las sorpresas que le regala en cada rincón del paraíso; y volvió a ver un cielo despejado, con nubes sin sentido, ni olvidos, pero sorprendidas por el nuevo camino.

El esclavo alucinó, y salió en busca de nuevos castigos: “¡¡Ya no son de dolor!!” exclamó, enfrentando una nueva visión, que contenga al lastimado corazón.
“¿Desparramar el combinado veneno o penetrarlo en mi sien?” Fue la pregunta que definió el albedrío.

Sólo pudo contener una vida, de lástima y fervor. Ver, fue el fin del querer.
Rara y risueña costumbre de dormir en crueles laureles, empeñado en atrapar y resistir el despegue. ¿Qué será de esta pendiente?

Sólo respetó la caída, luego asumió la derrota, y sin penas, volvió a llenar otra copa.






Mariano (el mito de Said)

miércoles, 23 de enero de 2008

Latido hiriente

Ojos que envuelven tu tierna mirada,
luces que vuelven a iluminar mi corazón.
Gozo en la alegría y observo la belleza al mirar tu dulce rostro.
La eterna pasión regresa para brillar en mi interior.

Sudar latidos en viajes sorprendentes (siempre chispeando).
Dientes que se encierran por miedo al delito,
manos que se atrapan buscando excitación;
pero el sabor de tu frescura es mi gran atracción.
Desear que tu amor llegue a mi duro corazón,
solo desear, para luego disfrutar el dulce paladar de tu irritación.

Respirar la sentencia de tu olor,
flor de corazón, rabia por decir ¡no!
Si seguro es el fiel y eterno lobo,
no sería un error comer el cuero de otro amor.

Por solo latir en tus huellas,
descifrarás el sueño del pobre iluso de esta tierra,
que sigue cometiendo siempre el mismo error,
danzar en suelos ajenos, sin creer que es una prohibición.

(El corazón doliente, envía sus letras a su latido hiriente).


Mariano (el mito de Said)

viernes, 18 de enero de 2008

Amables perdidos



Tantas preguntas juntas, desaparecen en el inconsciente. Un buen día las respuestas terminan por fallar y las caras no solo serán imparciales, el desconsuelo terminará por acobardarnos.
Vivir sin expectativas, dependiendo del tiempo, buscando entretener el momento, para que el fuego interno se despabile del sueño.
Atados a un camino lleno de acrobacias, meditando en el equilibrio, creyendo en la caída como un plato más. El suelo, el cuál pisamos, continúa humedeciéndose, las piernas tiemblan al abrirse, el dulce beso cosquillea, pero lo más agradable se escapa en las dudas.
Los dedos siguen apuntando al pensamiento, los ojos solo observan el decaimiento de su visión frente a la sombra, donde las lágrimas patinan en el rostro y el suspiro puede calmar solo al desesperado e inquieto grito (ese fuerte aullido de lobo , amante de la luna , penetrante en los hocicos débiles , quienes mueren por no respirar).
La sentencia de cada instante, se repliega en el bienestar. Las caricias desafortunadas , siguen comprendiendo al eterno cachetazo, la boca del cliente responde en base a su amo; éste es reconocido como el abismo de la indiferencia colectiva (tantos golpes juntos , derriban nuestra esquina).
Las calles derramadas de saliva, emprenden el enfrentamiento a los posibles caídos, quienes con manos abiertas (como pidiendo perdón), te sorprenden en el momento menos esperado, atemorizando a la memoria.
La incansable madre del recuerdo , intenta despojar todo ruido a olvido, pero la pérdida del sentido nos esclaviza cada vez más al regreso, quién se sigue alimentando del pasado.
Grandioso viaje , las estaciones están llenas de vendedores de almas, nosotros, amables perdidos, no diferenciamos ni a la buena salud y continuamos comprando materiales mortales.
La voluntad , ciega y vencida (no saber aprovechar el momento).
Las fantasías son extrañas , te muestran el amor vagabundo para ilusionarte y luego te lo roban en tus propios sueños.
La orilla sigue repleta de cardos, sangre y ardor, es así amor, los detalles quedan para la vuelta.
Con piel seguiremos rozando, para reconocer el verdadero contacto... ¿El futuro seguirá pactando con la soledad?



Mariano (el mito de Said)

martes, 15 de enero de 2008

Querida orquesta...


Podría ver todas las cosas con un solo ojo, podría decir muchas veces que estoy al borde de los otros, y pensar que sólo soy un estorbo, que no quiere salir sin observar sombras, físicos y molinos de silencio.
Me lastiman la cabeza los sépticos que disfrutan de mi conciencia, trago y trago duros recuerdos, que son parte del juego. Es simple, hoy me retiro del viaje y mañana vuelvo a contagiarme.
El sol de mi tierra es demasiado pesado, sus rayos de luz son tan tristes, que envejecen mi rostro como piel de tortuga, y ni hablar si mi voz se calla, me creo un director de orquesta queriendo movilizar los instrumentos con las manos, y al sentir el sonido de la melodía lo implanto como algo mío...¡¡Pero no!! Todo sigue siendo un dulce deseo. Y me alejo, me alejo, me alejo...
De estas novedades que no anuncian, de esos “rosarios” que siguen lejos, de las frases que dan vueltas y escupen palabras, de los tipos necios que se convierten en profetas, de esas pibas que pervierten la inocencia y de mis miserias que lastiman mi bocado.
Miro a todos lados, veo como las calles se derriten y la selva de los mortales se está derrumbando. Insisto en b
uscar el otro ojo, ese que está en el centro de la frente y mira todo de una manera fija, tan fija que se limita solo a disparar uñas filosas y delicadas, esperando poder pintar un paisaje de soledad colectiva.
Señores reyes, se pide clemencia por ésta conmovida fuga de espejismos, sólo se desea un poco de aire que refresque este aluvión, que tortura las costillas y no deja gozar ni un segundo de vida. ¿Es mucho pedir?

(A pesar de las ruinas que muestra esta tragedia, silencioso aparecerá el llanto de las niñas que sufren el atardecer. Se cansan de ser atendidas por gritos, y sufren tanto, que no tienen consuelo ni en los brazos del fuego).




Mariano (el mito de Said)

miércoles, 9 de enero de 2008

Yo sigo... ¿Y vos?













Parece que todo acaba de concluir, los episodios fueron quedando atrás y los bretes que impuso el año (atropellado por miserias) se empiezan a fundir.
Movilizamos decenas de sensaciones, fumigamos los altos prejuicios que condenaban sin precio, y sobre todas las cosas, aprendimos a no regalarnos a la confianza, que a veces se viste de distancia, y nos enrienda en huecos de sangre helada.
No se para de contaminar, el cuerpo admite y resiste, pero no se estremece y eso no es piadoso, ya que la señal de advertencia se presenta sin tregua, y uno por creer que es indestructible, se lleva puesto un dolor tan fuerte que representa un débil y fugaz trance.
Los tiempos cambian, las protestas buscan regalos, los diccionarios palabras, las bocas se secan y los estúpidos aplauden. Siempre está alterada la pobreza, pero esas canalladas que te entregan los impersonales, te terminan por construir un espacio para la ruina... “Basta de dormir, empecemos a vivir”.
Miren el barrio, miren sus manos, nacimos para desenterrar los destinos, estamos tristes y alegres, somos parte del visor del mundo, protegemos y entregamos, callamos y gritamos, nos hunden, nos aplastan y seguimos andando. La colectividad de estos pagos y su morisqueta, juntan leyes, se refugian en simples estandartes, y leen lo que “los dueños de la verdad” establecen en los libros de alto grado de inflamación consumida.
Fijamente repaso el siguiente paso, desencuentro y pudor, bajar y bajar, las noches van quedando sin aliento, mientras los desgraciados de ésta escala, esperan con ansias que las imaginaciones destructivas de Einstein sean representadas en su cuadra barrial, allí donde partieron sus vidas y enseñaron la calidad desastrosa de los inmorales.
Parece que los días apuran lapidariamente nuestra lucha interna, donde los nervios saltarines nos accidentan la salud, y recaemos en pensamientos cruelmente afinados en un sonido agudo.
Juntaremos las monedas de la felicidad, empezaremos tomando el mejor de los deseos para festejar el desequilibrio que abunda y se retrasa en las esquinas que caen en picada; sí, en esos lugares no hay salida.
Por favor!!, todo sigue acumulando fanatismo, y la idea no es la que empezaste a seguir, y eso hace que te cerques en un mercado de fantasías despiadadas y afligidas.
El tablado de nuestro afable sueño, es el abrigo de esta triste declaración, que sigue de frente, y aguantando las miradas de los que condenan y de los desalmados, por eso las cicatrices de nuestros ojos son por falta de aire, y no por falta de relajación.
Aprendimos algo nuevo este año, seguro que una nueva mirada nos cuidará del fallo cometido en el camino finalizado, como siempre a los golpes, pero lleno de miradas renovadoras y por si alguien duda, de felicidad... Acá estoy tornado, acá estoy preparado para el nuevo desafío, la mochila está cargada y los ojos atentos a todos los movimientos, avísame cuando empezamos, mi pecho ya es de metal.




Mariano (el mito de Said)