
Parece que todo acaba de concluir, los episodios fueron quedando atrás y los bretes que impuso el año (atropellado por miserias) se empiezan a fundir.
Movilizamos decenas de sensaciones, fumigamos los altos prejuicios que condenaban sin precio, y sobre todas las cosas, aprendimos a no regalarnos a la confianza, que a veces se viste de distancia, y nos enrienda en huecos de sangre helada.
No se para de contaminar, el cuerpo admite y resiste, pero no se estremece y eso no es piadoso, ya que la señal de advertencia se presenta sin tregua, y uno por creer que es indestructible, se lleva puesto un dolor tan fuerte que representa un débil y fugaz trance.
Los tiempos cambian, las protestas buscan regalos, los diccionarios palabras, las bocas se secan y los estúpidos aplauden. Siempre está alterada la pobreza, pero esas canalladas que te entregan los impersonales, te terminan por construir un espacio para la ruina... “Basta de dormir, empecemos a vivir”.
Miren el barrio, miren sus manos, nacimos para desenterrar los destinos, estamos tristes y alegres, somos parte del visor del mundo, protegemos y entregamos, callamos y gritamos, nos hunden, nos aplastan y seguimos andando. La colectividad de estos pagos y su morisqueta, juntan leyes, se refugian en simples estandartes, y leen lo que “los dueños de la verdad” establecen en los libros de alto grado de inflamación consumida.
Fijamente repaso el siguiente paso, desencuentro y pudor, bajar y bajar, las noches van quedando sin aliento, mientras los desgraciados de ésta escala, esperan con ansias que las imaginaciones destructivas de Einstein sean representadas en su cuadra barrial, allí donde partieron sus vidas y enseñaron la calidad desastrosa de los inmorales.
Parece que los días apuran lapidariamente nuestra lucha interna, donde los nervios saltarines nos accidentan la salud, y recaemos en pensamientos cruelmente afinados en un sonido agudo.
Juntaremos las monedas de la felicidad, empezaremos tomando el mejor de los deseos para festejar el desequilibrio que abunda y se retrasa en las esquinas que caen en picada; sí, en esos lugares no hay salida.
Por favor!!, todo sigue acumulando fanatismo, y la idea no es la que empezaste a seguir, y eso hace que te cerques en un mercado de fantasías despiadadas y afligidas.
El tablado de nuestro afable sueño, es el abrigo de esta triste declaración, que sigue de frente, y aguantando las miradas de los que condenan y de los desalmados, por eso las cicatrices de nuestros ojos son por falta de aire, y no por falta de relajación.
Aprendimos algo nuevo este año, seguro que una nueva mirada nos cuidará del fallo cometido en el camino finalizado, como siempre a los golpes, pero lleno de miradas renovadoras y por si alguien duda, de felicidad... Acá estoy tornado, acá estoy preparado para el nuevo desafío, la mochila está cargada y los ojos atentos a todos los movimientos, avísame cuando empezamos, mi pecho ya es de metal.
Mariano (el mito de Said)