lunes, 28 de abril de 2008

La piel bajo una nube de banderas


Frescas combinaciones abrieron el camino en el atardecer, el calor profundo de un sol nocturno calcinó la temperatura del cuerpo.
La piel bajo una nube de banderas rojas se derritió, y la cera del cuerpo fue cayendo lentamente, dejando marcas secas, mientras el fuego seguía firme y alentador.
Cubiertos por bengalas de luz, los ojos de búho se deslizaron y la vista cayó, los párpados bajaron las persianas, el cuerpo de apoco fue sintiendo un cosquilleo de plumas mojadas; mientras los brazos del sereno y salado bosque acuático, se iban transformando en aletas de telgopor, con un pedestal de madera sólida y avejentada.
La base del suelo prohibía plataformas planas, los dedos del pie debían hundirse, sentir placer y asco a la vez. Una combinación de aguas verdes y humectantes caminos de tierra. Un verdadero caldo de cuerpos agobiados por temperaturas del nuevo calendario.
Islas artificiales acomodaban las pieles de ciudad, los jóvenes artistas del nuevo modelo global, acondicionaban sus abdominales con cremas protectoras que benefician a la belleza de ese bloque de tierra.
Mientras tanto, los lábaros publicitarios invitaban a consumir sus condiciones estacionales a un buen precio, siempre y cuando, las tarjetas en línea, no terminen su crédito.
Poco era el estrépito del viento, que guardó su irritación para un día más velado, donde puedan despertarse los dueños del lago y bailen su danza de serpientes, donde el oleaje se arrastra, se eleva, escupe sus aguas y arrasa a su propio estado natural.
Más abajo, donde los peces avisan por intermedio de sus burbujas el bienestar de su comunidad, la oscuridad de las profundidades se desenvuelve e invita a una ceguera mojada, llena de cardos inocentes y restos de piedras de la vieja colonia (en esos tiempos, el cuerpo era sólo para acariciarlo) .
No existe ningún tesoro, ni siquiera bellas sirenas, todo parece propio de la naturaleza, todo..., pero sí, hay algo extraño, algo que está clavado en las depresiones, pareciera una botella gigante y vieja, decorada por bombas de tierras, pero en su interior no se ve ningún tipo de documento, ni algo que se le asimile. Pero por algo está, y creo que la mano del hombre está involucrada, es decir, uno debe imaginarse algo lindo, llamativo, bello; pero la realidad no remite a eso, es más, su formato de hierro es la mejor arma para lastimar a la más delicada piel . Es cierto, cuando uno busca mejorar el paisaje, es muy factible que lo termine por destruir, principalmente cuando las ideas devastan las miradas.
No queda otra, los golpes del chimpancé anuncian su furia, la invasión se transforma en incomodidad y los renegados terminan por ser los inadaptados, acá y allá. Siempre se apuntó al que calla, mientras que el que habla es el conquistador de las palomas mensajeras.
“Plasmen y sigan...”, aquella muestra es el cuadro que aturde y enmudece, están aquí para ser sirvientes de los demoledores, aunque caigan miles de sus hormigas, ellos siguen capitalizando tus energías; siempre y cuando vos y todos tus fieles, propongan un nuevo espacio subterráneo.



Mariano (el mito de Said)

sábado, 19 de abril de 2008

Buen día calle x


Cargado de nostalgias sigo esperando la salida. He decidido retirar por un tiempo ésta solemnidad de incertidumbres llamada duda (tan desinteresada y contagiosa de frutos mal picados).
Duele este nuevo rumbo, duele, pero es la única forma de despegar, sentir confianza y contener el aire.
Hoy la fiebre parece más dura, el cuerpo se desploma y trae consigo un montón de debilidades.
Pensar que ayer fui un triste soñador, ahora, bien echado a la suerte, me equivoco y vuelvo a frenar la risa. No digo más, trago líquidos que abruman a mi estómago, entrego placeres sin sentir la piel, es así este éxodo, no queda otra, alquilo un par de lágrimas, escupo fragancias en mal estado y sueño tu cuerpo una y otra vez...
En mis oídos, la bella melodía se adueña cada día más de mis impresiones, ya no tengo cámaras que implanten ojos fijos y sorderas impresentables. Todo es distinto, inundado de nuevos ruidos, acelerado van mis pasos, mi cuello gira ante las bocinas de un barrio que no es el mío. Las tiernas animadoras de calenturas virtuales, hacen derretir las imaginaciones. Pero acá, la claridad visual, enfoca veredas, baldosas sueltas y zapatos de todo estilo. Muy pocas veces, las pupilas emocionan rostros desesperados.
Cruzo las dimensiones calificando las densidades de los paseantes bien peinados. Parezco un perdido lleno de ambiciones. “...Muy bien arreglado y la camisa enredada de nuevos perfumes, salgo a matar, bajo sospecha y sin ningún tipo de reglamentos...”
¿Será así la calle x?
Quiero saber si hoy podré descubrir un kilo de amor, muy recta es la tragedia de este monólogo, un montón de luz tengo para entregar, un pecho abierto al gusto más dulce, una sonrisa reclutada de nervios y miles de pinturas para colorear una nueva bandera.
Sí, solo es el viaje, pero nunca me tire antes de chocar. Juntando voluntades, desnudando saludos y galopeando tras un cielo gris, te encontraré. De ahí en más, el brillo de la noche resplandecerá en mis ojos y las masas amontonadas abrirán paso, se ajustarán a un nuevo disparo, caerán y se despertarán en el punto central de mi nueva calle...
X vos, renovaré el apetito.





Mariano (el mito de Said)