martes, 23 de febrero de 2010

Fuego en el corazón de los caídos


-¡Sentenciar la suerte en la cara del agrio diablo...! Fue el deseo interno de la liturgia.

… Sí, es ese tipo de alas sueltas, pero de corazón envuelto en llamas. Gana su vida vendiendo risas con falta de armonía, la prisión más doliente es su propia alma y solo sabe reaccionar frente al pobre hombre de gemido ligero, aprovechando su caída como el mejor bocado.
Rápido y feroz fue el rostro de su servidor, quién pagó cara su libertad, pero al fin, pudo resbalar sin ansiedad de caer, donde el viento del silencio descansó con fuertes gritos. De ésta manera, cayeron desplomados los destinos felices.
La razón de este encuentro, era establecer hermosas imaginaciones, reflexionar sobre el ánimo habitual y devolverle al espíritu su valor, ese mismo que se perdió, cuando la ambición fue más tenaz que la bondad.
Crecer entre tristes carnadas de sueños y frías heridas, dispusieron retazos de vidas al engaño, donde solo se repitió la rabia del mal, al saber que el infierno es el mundo del miedo.
Escupir las manos y dirigirse hacia el camino correcto, era algo similar a caer en suelo ajeno.

-¿Elegir escaparse? Era la pregunta del servidor.

Nunca un ser desconfiado creyó que su fuerte era el amor, dedicado a robar almas en ventas y luego regalar (sin desprecio) turbias caricias.
El destino, siempre fiel, fracasó… Pensar y luego desafiar sería la propuesta.

-El paso a la derrota es mi temor, siento que quema más que la traición. Titubeó su alma.

El duelo entre el historial del silencio y el recuerdo de los queridos intentos, nunca llegaron a defraudar al tiempo, tan veloz y pícaro, como la buena vida de las caras encendidas, que enfrentaron al odio, con el fin de conseguir un rostro feliz.

Dispuesto a profundizar la herida sometió: -La sangre te miente una vez más, querido lacayo, has volteado el inagotable ánimo al más dispuesto amor, sin creer que la ingrata pasión te despoja una vez más.

Temblando en la hoguera, el regreso de los desastrosos al reinado era un hecho.
El espejo de su timidez se empañó por sus grandes suspiros; poniéndole el pecho al rojo cielo, clavando el fuerte llanto y resistiendo el ardor en la piel.
La risa fue larga y tendida. Mintiéndole al error, secando el alma a puras chispas, el triste fuego se convirtió en una llamarada de terribles sensaciones, he hizo que el vuelo de los perdidos, finalice en el corazón de los caídos.

El ánimo será cuidado como la más preciada expresión, que fue maltratado y roseado de golpes internos.
Despabilando la suerte, se deberá apartar todo lo derrumbado, para luego recoger los restos de los humildes esfuerzos, que con ojos desesperados, mantuvieron la calma de este inverso, pero eterno mundo de vuelos enardecidos...

-¡¡Fuerte e irritante tormenta de grises lamentos, estacionar tu aliento es tu próximo examen, si quieres volver a creer en tiempos felices!! ¡Jájájá! Sentenció y sonrió con su voz incendiada y su rostro agrio, y sin pedir permiso se retiro, mirando de reojo las cenizas del espantado amor…



El mito del Said