viernes, 30 de noviembre de 2007

Un leñador del montón



¡¡Pará, pará, pará enfermo de la noche!! No te atrevas a guiar mi espíritu, estoy en velas, estoy en rejas y mi cuerpo no se jacta por negociar con los recolectores de tristezas.
Ya sé, no me digas nada, lo de anoche fue un simple suspiro letal, pero atornillado en la cama te olvidaste de rezar, y vino el más tenebroso de todos y te escupió el ombligo y espumaste lombrices.
Asquerosa humildad de tránsito, me embriagué de amables novelas y me sentí todo un “dealer”, ahora me caigo en los lugares más nefastos, arto de rifar, vendo todo...
Sé que no es fácil resistir ante los contingentes de la súper novedad, sé también que los gritos de los hambrientos desespera, pero la razón es el regalo de esta escena; tan muerta en sus actos y celosa de las manifestaciones esquizofrénicas.
Mas vale que sientas este rugido de “santos manipulados”, es así, las correspondencias son una simple espera, lo que nos pervierte es la tristeza de que los leñadores ya no saben del fuego. Es así hermano, no quedan notas escritas ni palabras sedientas, todo es más caro de lo que pensás, ahora te venden hasta lo que no comprás.
Todos por lo mismo!!! Arrogantes y discípulos de la venganza. Son tan pocos los que nos esquivan, que es la hora de mostrar los números que marcan los lecheros, esos tipos sí que son retazos de residuos.
Mañana te juro que no saldré al sol, ya me quemé demasiado, ahora debo reciclarme...



Mariano (el mito de Said)

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Sensación de sentir el fuego en la piel



Partir el espacio y vibrar de encanto,
Contagiar la risa y moquear el llanto,
Crecer desnudo y caminar descalzo,
Sentir tu mundo, viajar en tu barco.

“Terrible efecto de sentir el fuego”.

Distanciar los ojos y mirar de cerca,
Compartir emoción, difluir la tormenta,
Repetir los sueños y vivir despierto,
Creer lo que siento, rompiendo el lamento.

“Terrible efecto de sentir la piel”.

Hundirme en el suspiro, envolviendo pasión,
Saber que las manos se estrechan en busca de calor,
Llegar al límite y descarrilar amor,
Caer al suelo y saber que estas vos.

“Terrible efecto de sentir sensación...”




Mariano (el mito de Said)

martes, 6 de noviembre de 2007

Un segundo, nada más...



Bajo la luz de los astros, el cansancio de su alma se empezó a derretir…

Los frascos de la tierra dulce me van a depositar en locuras encerradas de abstinencias. Arde mi estomago (blancos fijos irremontables a la vista), francamente me finiquito en consejos notables, que no quieren saber nada de los rancios espacios, llenos de rumores ciegos y corazones lentos.
Sos una pequeña inyección de tu propio veneno, lastimás hasta convertirte en gusano, despedís amor, amor, y te entregas a la accesibilidad…
Me está costando reunirme en los festejos hereditarios, ya no es lo mismo, la muerte está en todos lados, y nosotros nos manejamos de acuerdo a la velocidad de los días. Pasan los números adictos de vejez; miro mis espadas y ya no clavan, ¿será por falta de bendición?
No sé si actuar ante las ausencias, no sé si la despedida será eterna, por las dudas, la sombra me anima a seguir…
Nunca más me acostaré sin sueño, crecen las flores en ronda, y el espíritu bobo, me contagia de deudas imposibles de pagar.
Me parece que soy el encargado de hacer las piruetas, y no puedo esquivar esta chance tan engorrosa.
Ganar o ganar, si pierdo, todo quedará oscuro, y no es la idea de escuchar cargadas llenas de violencia. Éste juego me encerró, me fastidió y me puso a pruebas con “el de arriba”. Me parece que ahora es la hora de mostrar el cargador y disparar el ardor del quemarropa.
“Lunita” llena de altura, fresca amiga, me quiebro una vez más, y seguro, que esta vez el show me desobedecerá.
Mi vida es un nuevo escenario, atletas (entrenados) están esperando largar, pasivo lugar de escape. Por las dudas me franquearé con mi fiebre, y le pediré que me suelte el miedo que no para de pasear por mis novelas nocturnas.

No me queda lectura, el ruido de crecer me propuso extrañarte, acariciarte y para colmo me crucificó de antemano.




Mariano (el mito de Said)