
¡¡Pará, pará, pará enfermo de la noche!! No te atrevas a guiar mi espíritu, estoy en velas, estoy en rejas y mi cuerpo no se jacta por negociar con los recolectores de tristezas.
Ya sé, no me digas nada, lo de anoche fue un simple suspiro letal, pero atornillado en la cama te olvidaste de rezar, y vino el más tenebroso de todos y te escupió el ombligo y espumaste lombrices.
Asquerosa humildad de tránsito, me embriagué de amables novelas y me sentí todo un “dealer”, ahora me caigo en los lugares más nefastos, arto de rifar, vendo todo...
Sé que no es fácil resistir ante los contingentes de la súper novedad, sé también que los gritos de los hambrientos desespera, pero la razón es el regalo de esta escena; tan muerta en sus actos y celosa de las manifestaciones esquizofrénicas.
Mas vale que sientas este rugido de “santos manipulados”, es así, las correspondencias son una simple espera, lo que nos pervierte es la tristeza de que los leñadores ya no saben del fuego. Es así hermano, no quedan notas escritas ni palabras sedientas, todo es más caro de lo que pensás, ahora te venden hasta lo que no comprás.
Todos por lo mismo!!! Arrogantes y discípulos de la venganza. Son tan pocos los que nos esquivan, que es la hora de mostrar los números que marcan los lecheros, esos tipos sí que son retazos de residuos.
Mañana te juro que no saldré al sol, ya me quemé demasiado, ahora debo reciclarme...
Mariano (el mito de Said)
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