domingo, 14 de junio de 2009

El rumbo que corta la desolación




Que raro se siente el cuerpo cuando empieza a sentir silencio, las horas son adelantadas a pura mirada. No frena la idea de escapar, pero la única salida es el encierro, donde el corazón se pone duro y late al ritmo de las imágenes del día que pasó.

Tan difícil se hace esquivar las inmutables sombras, que la soledad se acostumbra al sedentarismo, un lugar tan sereno como insoportable. ¿Por qué será que la presión nunca revienta?

Florecen los ruidos en éste cuadro pintado de azul. Fría habitación, acumulada de humo y sonrisas imperfectas. La costumbre de sentir vida, hace que todo se quiebre en porciones estéticamente mal cortadas.

Destilado humor, contagiado por falta de risa, hunde el invierno en húmedas decisiones que se encajan en terrenos de dudas incansables, que demuestran fortaleza en los momentos de definir, asegurando su paso y dejando el rastro débil de la conciencia.

En un mundo abstinente de compasión, las máscaras de éste nuevo carnaval, se caen, desconcertadas y asumiendo su nuevo rol, el de la desolación.

Relatos en el silencio de mi boca y lágrimas despejadas en el interior del alma, construyen la muralla de un corazón que suda más que ayer…Los elementos de la noche sacuden una sed llena de sabores secos y empalagosos, la saliva es tan irritante que termina por caer, babeando su naturaleza.

La lluvia sigue su recorrido, sus gotas (seguras de su espesor) juegan a engañarnos con tibios calores invernales, pero solo agigantan cada vez más a esta inmensa ansiedad, que las vacía antes de naufragar, rompiendo la razón de que todo debe seguir su rumbo.

Siempre esperando llegar, pensando en qué va a pasar…
(Simples y locas creaciones de un solitario lobo, que sigue aumentando su aullido, sin saber que en su viaje, sólo lo puede escuchar su único amor, aquel que en las noches desveladas, lo ayuda a pedir perdón).






Mariano (el mito de Said)

jueves, 19 de marzo de 2009

Monos colgados de tu espalda




Salgo a espiar los sentimientos ajenos, la verdad que me siento en una profunda soledad, sí, esa que aprieta el garguero y no te dejar respirar.
Pasamos varias vallas, atentos a todos los movimientos seguimos dando lucha (fiel y esperanzada lucha).
No me quejo por lo hecho ayer, me encarno en la piel de mis queridos, represento una y mil veces el arte de expresar, fatigando las venas, salgo a despistar mis guapas sensaciones.
Pensar que antes me cuidaba de las noches, ahora me refugio en sus más internos juegos. Ya estoy en ruinas, frenético por donde me mires, observo y compongo, grito y me ahuyento.
En este bosque de náufragos destripados por el tiempo, resigno la suerte, apuesto por los aventureros y saludo a los marginados por latir diferente.
Palabras envueltas de precio, hombres de alta reputación se creen invulnerables y se cagan de risa de tu corbata. Todos quieren tener un número más alto y no se dan cuenta que sólo restan. ¡¡Santa Madre, donde carajo estarás!!
Tanta presión que los dedos tiemblan, mientras que las campanas avisan un estacionamiento seguro, los trajes sudan por vender un mejor porvenir y pensar que sus maniquíes se ahogan en la miseria.


Pasen y vean, este es el museo de los veloces, no mires atrás, porque los monos se cuelgan de tu espalda, no guiñes el ojo por las dudas de crear dudas, no te sientes adelante porque se creerán que sos un administrador de piel, fíjate bien donde pisas, la mierda está en todos lados y más...
Que densidad mal curada, queda poco tiempo y la bala sigue perdida, ni siquiera somos molestia, demasiada ignorancia nos verifica como inertes.
Los monos (sordos, mudos y ciegos) nos acompañan , abrazados y escupiendo el piso...Mientras tanto, invisibles como siempre, pensamos en la evolución del hombre, tan lejana como nuestra simpática vejes.














Mariano (el mito de Said)