viernes, 12 de octubre de 2007

Ahí nomás, por donde camina la obsesión



No siempre la opinión de los orgullosos derrama necedad, a veces sus conclusiones pueden estar escondiendo algún camino en busca de un bello paisaje, que se desmorona cuando el atardecer de las palabras lo perturban con definiciones sinceras y delatadoras de su propio interior.
En la alegría de los demás está su molestia, su ofensa es juvenil, y por su casa pasan los recuerdos de varias tristezas.
Convidan indefinición, viven de todo lo que se pierde, parten los sueños y dejan de ser ciudadanos del amor.
Ya su muerte es perseguida por los necios, y no hay vuelta atrás Es cierto que los que aman de palabra no conocen el placer, pero también es verdad que la piel sabe distinguir la suavidad de la soledad.
No son muchos los secretos que guardan, su dicha no es muy ufana, retroceden en los encuentros de pasión, pero se excusan diciendo que su capacidad no está preparada para perder su tiempo; y a eso, le llaman “valor”.
Ciega, la realidad es tan pecadora que nos pide perdón, y el mundo gira a sus pies…
Ya se caerán a pedazos los funerales de los canallas… ¡Qué tiempo bendito nos regalan estos orgullos, portadores de la palabra del Señor!
Cuanto vale más, si tanta es la miseria, que el pan de nuestros días se bendice de economía, y la miseria de los tronadores se registran en calenturas de poder.
Cual es el orgullo de saber lo que pasa, si las noticias son crucigramas de melodramas. Hasta que punto siniestro se desnudan los pensadores, que razonan como se estremecerá el cuello de tus venas, para sacarte un poco más de sangre. Luego la culpa se encadena a los miserables mosquitos (esclavos de tu comodidad), que siguen dando vueltas para recoger un poco de vergüenza.
Ya hemos besado cada una de las flores y la boca seca (por falta de sabor), saca la lengua para relamer un poquito más de mentiras.
¿Donde pondremos la cara? ¿Qué le diremos a la gloria? ¿Qué le explicaremos a la luna cuando todas las noches que vivimos, fueron falsos gemidos?
¿Cómo le digo a mi orgullo que todo fue una gran mentira?
¿Cómo se lo digo...?




Mariano (el mito de Said)

1 comentario:

cibereternauta dijo...

Encuentro este escrito un tanto lúgubre; hay algo oscuro detrás de cada letra. Lo percibo en la búsqueda que hacés: "¿Cómo le digo a mi orgullo que todo fue una gran mentira?".
Quizás nada fue una gran mentira... quizás la mentira era el orgullo mismo, pensá que a veces el orgullo es resentimiento disfrazado. Sólo tenés que buscar nuevas cosas que te hagan sentir orgulloso, estoy seguro de que las hay. Porque es necesario que estés bien con vos antes de salir a conquistar el mundo.
Todo esto va con la mejor, son solo disparates de un colega
ciber-eternauta... saludos.