
Hiere la noche y las contemplaciones empiezan a surgir. No siento la pasión que distraía a mi tristeza, parezco una hormiga devorada por una suela, sin estribos me decoro en la melancolía, más de una vez me soñé feliz, pero a veces la memoria se suaviza en llantos.
Antes de caer me propongo escribir, la descarga de varias emociones me ayudan a flotar, y eso es más que valioso en esta sopa de vinagre.
Mis amigos de miradas cómplices están lejos, algunos en su mundo marginal, otros derritiendo su vida en los brazos del sol, mientras mi piel sigue buscando un lugar donde descubrir su suerte.
Miserias de nidos agotados, que verdes se encuentran los frutos de mi tierra, poco son los brotes, pocos son los colores que pintan el río de mi niñez, que no la sé distinguir en las imágenes psico-pasadas.
Ayer era todo más lento, ahora no me alcanzan los pulsos para respirar, me acuesto y no paro de pedirle a “mi amor” que no me deje perdido en mis postales de sombras (Ella se fue, hace tiempo, y sigue presente en mi vacío. Él esta solo, pero existen placeres y por eso está vivo, en cambio, ellos formaron inocencias que les calmó un poco la tristeza de sus almas), que hacen que éste insospechable corazón sea un tambor en pleno ritual, esperando e imaginando día a día la decisión que refresque la tranquilidad que busca el pensamiento.
La historia se dibujó así, es parte de la sangre heredada por mi “diosito”, por eso sigo, patinando y escuchando propuestas, besando amores raros (pero que saben querer), despidiendo los días como si mi bolsillo fuera un banco en plena acción, y espero, espero, espero...
”Zafar de ésta rutina que me inquieta y me sacude el alma.
Espiar las intimidades más voraces antes de acudir a mi fracaso, chocar la puerta de una vez y besarla de un golpe, bajar de mis adicciones y saber vivir para ayudar a mi abstinencia, escapar de las imágenes del futuro, para saber sentir ,de una vez, lo hermoso que es estar sin dudar”.
…A mi lado continua esperando mi flor, no se marchita por que sabe de mis dolencias, pero también me pone a prueba, para ver si mis reflejos saben criar nuevas sorpresas, que contagien de cosquillas el cuerpo, para que vibren mis ojos y descubran una nueva mirada.
Acá estoy, sentado y aguantando mis incertidumbres, ayer fueron morales, hoy son carnales, y si no decido frenarlas, me escupirán la cara y nunca más podré volver a sentir lo que es mío.
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