lunes, 17 de diciembre de 2007

El Señor de los Sentidos




En tratativas se encontraba la mirada atenta del Señor de los Sentidos, se debía seguir el rastro de sus huellas tan selladas y constantes, por las heridas sufridas la noche anterior.
El sol ardiente se acababa de ubicar en la cabecera del “Castillo Sensación”, su inocencia seguía observando atrevida, mientras el ruido de los vehículos no paraba de sonar, la música a sus espaldas guadañaba la terrible inspiración.
Calor precoz en el rostro de nuestro Señor (que no paraba de acechar), tantas visiones habituales que muestran otro color, bautizaban la sensación del momento.
-¡¡Subirte y rajar junto a la tranquilidad, tan perversa y animadora de sueños!!- fue un grito emético y escurridizo...
¿Se vendrá otro mundo?, se preguntó sugestionado.
El objetivo sería amoldarse a él, acercarse al presente y mostrar los cambios que verificarían el escenario. (Nunca nos ocultamos en la felicidad y corremos siempre por las calles de soledad).
Restos de cansancio anunciaban el paisaje, resignación de olvido, amuletos de risas y saltando el sentido. Poca cosa para tan siniestro encuentro, creyendo que el ayer era el único fastidiado amor.
Los servicios que donaba la noche, acaloraban el motor, las pequeñas rosas se abrían, y el Señor de los Sentidos comenzaba a sentir el sudor. (Gotas del pecado, salvadores sin gestión, el gusto es lo que tienta y el milagro es sanador).
Las pasiones desenterraron la fresca oscuridad, tendido de valor, comenzó a bancarse su propio infierno, los secretos fueron divulgados en su espejo, que anunció sin avisar el sacudón de este jugoso encuentro entre el pecado y el pecador; risas rotas y un paño de decisión.
Ajeno al servicio de su voluntad, las verdades lo comenzaron a sugestionar: ¡¡Cuidado Capitán, te corren los sentidos, activá...!!
Lo propio garantizó la venganza y el Señor de los sentidos, quedó sin esperanzas...




Mariano (el mito de Said)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Se fue deteriorando el mundo, en el cual sin necesidad de factores ajenos me encontraba mas sereno que de costumbre. Los paisajes que creaba cambiaron su color, lo que estaba por florecer solo estalló, las aves ya no se elevaron, la lluvia dejó de mojar, y el aire que otorgaba la noche se ahogó en el sol de la tarde. Intentos de reestablecer aquel escenario tan ideal, no faltaron. Sin embargo el gris fue cubriendo las señales de vida, hasta dejar marcas en todo. Y un cansancio casi crónico en la mente, oxidó la maquinaria encargada de mantener alerta al cuerpo. Las cosas que alimentaban mi ser, se convirtieron rápidamente en lejanas ausencias, obstruyendo así, toda sonrisa. La predisposición negativa de un sistema de pensamientos, aumentó su poder hasta cobrarse la existencia de los sentimientos que temprano cantaban. La música se retiró despacio sin enamorarse más de los momentos, y el hoyo que tapaba, se desbordó de sangre joven. Los rasgos encargados del mantenimiento, simplemente se agotaron de esfuerzos en vano, y fueron desapareciendo concientes del daño que implicaba su abandono, pero tranquilos de saber que ya el futuro no era presagio de nada en este jardín sin gente. Las obsesiones adquirieron tamaños y duraciones antes impensadas, reteniendo todo sentido de movimiento, incitando en cambio, a un escape desesperado al mismo lugar cada vez. La fe nunca existió, y sí la certeza de un fin querido, buscado, y esperado