martes, 23 de febrero de 2010

Fuego en el corazón de los caídos


-¡Sentenciar la suerte en la cara del agrio diablo...! Fue el deseo interno de la liturgia.

… Sí, es ese tipo de alas sueltas, pero de corazón envuelto en llamas. Gana su vida vendiendo risas con falta de armonía, la prisión más doliente es su propia alma y solo sabe reaccionar frente al pobre hombre de gemido ligero, aprovechando su caída como el mejor bocado.
Rápido y feroz fue el rostro de su servidor, quién pagó cara su libertad, pero al fin, pudo resbalar sin ansiedad de caer, donde el viento del silencio descansó con fuertes gritos. De ésta manera, cayeron desplomados los destinos felices.
La razón de este encuentro, era establecer hermosas imaginaciones, reflexionar sobre el ánimo habitual y devolverle al espíritu su valor, ese mismo que se perdió, cuando la ambición fue más tenaz que la bondad.
Crecer entre tristes carnadas de sueños y frías heridas, dispusieron retazos de vidas al engaño, donde solo se repitió la rabia del mal, al saber que el infierno es el mundo del miedo.
Escupir las manos y dirigirse hacia el camino correcto, era algo similar a caer en suelo ajeno.

-¿Elegir escaparse? Era la pregunta del servidor.

Nunca un ser desconfiado creyó que su fuerte era el amor, dedicado a robar almas en ventas y luego regalar (sin desprecio) turbias caricias.
El destino, siempre fiel, fracasó… Pensar y luego desafiar sería la propuesta.

-El paso a la derrota es mi temor, siento que quema más que la traición. Titubeó su alma.

El duelo entre el historial del silencio y el recuerdo de los queridos intentos, nunca llegaron a defraudar al tiempo, tan veloz y pícaro, como la buena vida de las caras encendidas, que enfrentaron al odio, con el fin de conseguir un rostro feliz.

Dispuesto a profundizar la herida sometió: -La sangre te miente una vez más, querido lacayo, has volteado el inagotable ánimo al más dispuesto amor, sin creer que la ingrata pasión te despoja una vez más.

Temblando en la hoguera, el regreso de los desastrosos al reinado era un hecho.
El espejo de su timidez se empañó por sus grandes suspiros; poniéndole el pecho al rojo cielo, clavando el fuerte llanto y resistiendo el ardor en la piel.
La risa fue larga y tendida. Mintiéndole al error, secando el alma a puras chispas, el triste fuego se convirtió en una llamarada de terribles sensaciones, he hizo que el vuelo de los perdidos, finalice en el corazón de los caídos.

El ánimo será cuidado como la más preciada expresión, que fue maltratado y roseado de golpes internos.
Despabilando la suerte, se deberá apartar todo lo derrumbado, para luego recoger los restos de los humildes esfuerzos, que con ojos desesperados, mantuvieron la calma de este inverso, pero eterno mundo de vuelos enardecidos...

-¡¡Fuerte e irritante tormenta de grises lamentos, estacionar tu aliento es tu próximo examen, si quieres volver a creer en tiempos felices!! ¡Jájájá! Sentenció y sonrió con su voz incendiada y su rostro agrio, y sin pedir permiso se retiro, mirando de reojo las cenizas del espantado amor…



El mito del Said

domingo, 14 de junio de 2009

El rumbo que corta la desolación




Que raro se siente el cuerpo cuando empieza a sentir silencio, las horas son adelantadas a pura mirada. No frena la idea de escapar, pero la única salida es el encierro, donde el corazón se pone duro y late al ritmo de las imágenes del día que pasó.

Tan difícil se hace esquivar las inmutables sombras, que la soledad se acostumbra al sedentarismo, un lugar tan sereno como insoportable. ¿Por qué será que la presión nunca revienta?

Florecen los ruidos en éste cuadro pintado de azul. Fría habitación, acumulada de humo y sonrisas imperfectas. La costumbre de sentir vida, hace que todo se quiebre en porciones estéticamente mal cortadas.

Destilado humor, contagiado por falta de risa, hunde el invierno en húmedas decisiones que se encajan en terrenos de dudas incansables, que demuestran fortaleza en los momentos de definir, asegurando su paso y dejando el rastro débil de la conciencia.

En un mundo abstinente de compasión, las máscaras de éste nuevo carnaval, se caen, desconcertadas y asumiendo su nuevo rol, el de la desolación.

Relatos en el silencio de mi boca y lágrimas despejadas en el interior del alma, construyen la muralla de un corazón que suda más que ayer…Los elementos de la noche sacuden una sed llena de sabores secos y empalagosos, la saliva es tan irritante que termina por caer, babeando su naturaleza.

La lluvia sigue su recorrido, sus gotas (seguras de su espesor) juegan a engañarnos con tibios calores invernales, pero solo agigantan cada vez más a esta inmensa ansiedad, que las vacía antes de naufragar, rompiendo la razón de que todo debe seguir su rumbo.

Siempre esperando llegar, pensando en qué va a pasar…
(Simples y locas creaciones de un solitario lobo, que sigue aumentando su aullido, sin saber que en su viaje, sólo lo puede escuchar su único amor, aquel que en las noches desveladas, lo ayuda a pedir perdón).






Mariano (el mito de Said)

jueves, 19 de marzo de 2009

Monos colgados de tu espalda




Salgo a espiar los sentimientos ajenos, la verdad que me siento en una profunda soledad, sí, esa que aprieta el garguero y no te dejar respirar.
Pasamos varias vallas, atentos a todos los movimientos seguimos dando lucha (fiel y esperanzada lucha).
No me quejo por lo hecho ayer, me encarno en la piel de mis queridos, represento una y mil veces el arte de expresar, fatigando las venas, salgo a despistar mis guapas sensaciones.
Pensar que antes me cuidaba de las noches, ahora me refugio en sus más internos juegos. Ya estoy en ruinas, frenético por donde me mires, observo y compongo, grito y me ahuyento.
En este bosque de náufragos destripados por el tiempo, resigno la suerte, apuesto por los aventureros y saludo a los marginados por latir diferente.
Palabras envueltas de precio, hombres de alta reputación se creen invulnerables y se cagan de risa de tu corbata. Todos quieren tener un número más alto y no se dan cuenta que sólo restan. ¡¡Santa Madre, donde carajo estarás!!
Tanta presión que los dedos tiemblan, mientras que las campanas avisan un estacionamiento seguro, los trajes sudan por vender un mejor porvenir y pensar que sus maniquíes se ahogan en la miseria.


Pasen y vean, este es el museo de los veloces, no mires atrás, porque los monos se cuelgan de tu espalda, no guiñes el ojo por las dudas de crear dudas, no te sientes adelante porque se creerán que sos un administrador de piel, fíjate bien donde pisas, la mierda está en todos lados y más...
Que densidad mal curada, queda poco tiempo y la bala sigue perdida, ni siquiera somos molestia, demasiada ignorancia nos verifica como inertes.
Los monos (sordos, mudos y ciegos) nos acompañan , abrazados y escupiendo el piso...Mientras tanto, invisibles como siempre, pensamos en la evolución del hombre, tan lejana como nuestra simpática vejes.














Mariano (el mito de Said)

viernes, 19 de septiembre de 2008

Balas del progreso


Sujetos a mostrar un perfil solidario, la sociedad empaquetada de individualismo saca a relucir su mejor careta, la teñida de sonrisa fresca y compresible.
Acorralados de incertidumbre, esgrimidos por noticias temerosas, los coterráneos del suelo argentino salen a mostrar su furia llenos de pasión reciclable, amoldada al brillo de su bolsillo. ¿Cuanto vale crecer en tierra fertilizada de sobras y consumo líquido?
Varias conclusiones abren camino a la lealtad mas ejercitada en estos tiempos: la mentira.
Los habitantes cívicos y los “natalias” (que son forzados a pensar por el estómago), no son ajenos a éste “inmundo” lleno de falacias. Separados por realidades diferentes, cada uno en su sitio designado, teje con puntos flojos cada una de las penas que convidan a pensar este ensayo completo de inestabilidad.
Los más cercanos a la “cajita feliz”, desesperan por su intolerancia, acelerados buscando más tiempo que contenga su alocada vida, sin hora de llegada ni salida, corren detrás de un mundo perfecto que les prometieron las liebres liberales, con sus discursos primermundistas, maquillados de perfumes de la vieja colonia y retocados por la caja fuerte del norte americano, inquisidores de la devastación humana que ellos mismos crearon.
¿Como vivir sin auto? ¿Cómo comprar sin tarjeta? ¿Cómo educar siendo cliente?
Preguntas animadas, cerradas y ocasionales, que terminaron por cerrar un acuerdo frío y lleno de ambición.
Perfectos bocetos con finalidades oscuras, se animan a contagiar de miedo el amanecer de los días. Las señoras enrejadas en sus cocinas, espiando lo desconocido por la ventana, las mascotas ensalivadas de rabia, ya no huelen de fidelidad, solo se entrenan para morder su domesticar y los niños conectados en redes florecen en sueños artificiales.
Es difícil producir cuando la diferencia se transforma en fe, las tribus ya no son urbanas, sus ideologías se reivindican por Internet. Chat, blog y flogger, superaron el cosquilleo del beso en la plaza, la habitación y su diario íntimo, en síntesis, a la simpleza del querer ser…
Cuantos finales abiertos colapsan este espejo refinado de inseguridad. Maldita moda de comer antes de tiempo, sin saborear la exquisitez que muestra el plato, levantando el jugo que queda y practicando el último sueño americano.
Ofertas territoriales, agendas que calculan culturas híbridas junto a las luces de Neón, donde brillan sahumerios, relojes chapado en oro y vendedores ambulantes que sonríen como pidiendo perdón.
Los Shopping con su elegancia conjugan su reputación, donde se mezclan los alaridos de los comercios en extinción. Cadenas macro con eslogan nuevo, venden marcas por duración, hay logos por todos lados, es la nueva forma de contención. Hasta los desangelados piden a los gritos su nuevo confort.
Tantas luces, tantos ruidos, no queda nada en el cajón; las últimas monedas se rematan, las latas se mueren de hambre, y el silencio solo se remite a mirar con desolación.
Carreteras llenas de sangre, trenes sin vías ni andén, todos colgados de los vagones, como si fueran los últimos en salir hacia la estación delirio. Aseguran un mundo en proceso de cambio, donde sólo prometen balas veloces para pocos, y furgones sin norte para muchos.
Parece increíble, pero el análisis gráfico de éste paisaje, sólo se anima a mostrar números de inflación, la gente ignora la distancia, y se aleja cada vez más de su razón.
Culpables con aviso, los medios construyen su red, las puertas siempre son abiertas e invitan a saber, pero sus recetas se condimentan con las mañas del vender, ya no anuncian ni declaran, son empresas que comprar e invierten en fascículos que contengan sus monopolios multimediales con el fin de almacenar muchas sensaciones en pocas manos.
Las góndolas del mercado se están vaciando, los piratas asoman sus guadañas y graban por defecto toda la inspiración del alegre autor, que ya fulminado por las industrias culturales, queda resignada su obra en bolsas de plástico sin valor, aniquilando su composición en simples tracks devorados por la abundancia de querer todo y no dar nada.
Piden sin cambio, alineados en la burocracia del deudor, los rostros envejecen y las noches pasan sin pedir una estrella que contenga las ganas de seguir viviendo con ilusión el porvenir.
¡¡Sonidos del progreso, afinado esperma de cotillón, compren la resaca de éste templo, que nosotros fiaremos el amor…!!!
Mariano (el mito de Said)

lunes, 28 de abril de 2008

La piel bajo una nube de banderas


Frescas combinaciones abrieron el camino en el atardecer, el calor profundo de un sol nocturno calcinó la temperatura del cuerpo.
La piel bajo una nube de banderas rojas se derritió, y la cera del cuerpo fue cayendo lentamente, dejando marcas secas, mientras el fuego seguía firme y alentador.
Cubiertos por bengalas de luz, los ojos de búho se deslizaron y la vista cayó, los párpados bajaron las persianas, el cuerpo de apoco fue sintiendo un cosquilleo de plumas mojadas; mientras los brazos del sereno y salado bosque acuático, se iban transformando en aletas de telgopor, con un pedestal de madera sólida y avejentada.
La base del suelo prohibía plataformas planas, los dedos del pie debían hundirse, sentir placer y asco a la vez. Una combinación de aguas verdes y humectantes caminos de tierra. Un verdadero caldo de cuerpos agobiados por temperaturas del nuevo calendario.
Islas artificiales acomodaban las pieles de ciudad, los jóvenes artistas del nuevo modelo global, acondicionaban sus abdominales con cremas protectoras que benefician a la belleza de ese bloque de tierra.
Mientras tanto, los lábaros publicitarios invitaban a consumir sus condiciones estacionales a un buen precio, siempre y cuando, las tarjetas en línea, no terminen su crédito.
Poco era el estrépito del viento, que guardó su irritación para un día más velado, donde puedan despertarse los dueños del lago y bailen su danza de serpientes, donde el oleaje se arrastra, se eleva, escupe sus aguas y arrasa a su propio estado natural.
Más abajo, donde los peces avisan por intermedio de sus burbujas el bienestar de su comunidad, la oscuridad de las profundidades se desenvuelve e invita a una ceguera mojada, llena de cardos inocentes y restos de piedras de la vieja colonia (en esos tiempos, el cuerpo era sólo para acariciarlo) .
No existe ningún tesoro, ni siquiera bellas sirenas, todo parece propio de la naturaleza, todo..., pero sí, hay algo extraño, algo que está clavado en las depresiones, pareciera una botella gigante y vieja, decorada por bombas de tierras, pero en su interior no se ve ningún tipo de documento, ni algo que se le asimile. Pero por algo está, y creo que la mano del hombre está involucrada, es decir, uno debe imaginarse algo lindo, llamativo, bello; pero la realidad no remite a eso, es más, su formato de hierro es la mejor arma para lastimar a la más delicada piel . Es cierto, cuando uno busca mejorar el paisaje, es muy factible que lo termine por destruir, principalmente cuando las ideas devastan las miradas.
No queda otra, los golpes del chimpancé anuncian su furia, la invasión se transforma en incomodidad y los renegados terminan por ser los inadaptados, acá y allá. Siempre se apuntó al que calla, mientras que el que habla es el conquistador de las palomas mensajeras.
“Plasmen y sigan...”, aquella muestra es el cuadro que aturde y enmudece, están aquí para ser sirvientes de los demoledores, aunque caigan miles de sus hormigas, ellos siguen capitalizando tus energías; siempre y cuando vos y todos tus fieles, propongan un nuevo espacio subterráneo.



Mariano (el mito de Said)

sábado, 19 de abril de 2008

Buen día calle x


Cargado de nostalgias sigo esperando la salida. He decidido retirar por un tiempo ésta solemnidad de incertidumbres llamada duda (tan desinteresada y contagiosa de frutos mal picados).
Duele este nuevo rumbo, duele, pero es la única forma de despegar, sentir confianza y contener el aire.
Hoy la fiebre parece más dura, el cuerpo se desploma y trae consigo un montón de debilidades.
Pensar que ayer fui un triste soñador, ahora, bien echado a la suerte, me equivoco y vuelvo a frenar la risa. No digo más, trago líquidos que abruman a mi estómago, entrego placeres sin sentir la piel, es así este éxodo, no queda otra, alquilo un par de lágrimas, escupo fragancias en mal estado y sueño tu cuerpo una y otra vez...
En mis oídos, la bella melodía se adueña cada día más de mis impresiones, ya no tengo cámaras que implanten ojos fijos y sorderas impresentables. Todo es distinto, inundado de nuevos ruidos, acelerado van mis pasos, mi cuello gira ante las bocinas de un barrio que no es el mío. Las tiernas animadoras de calenturas virtuales, hacen derretir las imaginaciones. Pero acá, la claridad visual, enfoca veredas, baldosas sueltas y zapatos de todo estilo. Muy pocas veces, las pupilas emocionan rostros desesperados.
Cruzo las dimensiones calificando las densidades de los paseantes bien peinados. Parezco un perdido lleno de ambiciones. “...Muy bien arreglado y la camisa enredada de nuevos perfumes, salgo a matar, bajo sospecha y sin ningún tipo de reglamentos...”
¿Será así la calle x?
Quiero saber si hoy podré descubrir un kilo de amor, muy recta es la tragedia de este monólogo, un montón de luz tengo para entregar, un pecho abierto al gusto más dulce, una sonrisa reclutada de nervios y miles de pinturas para colorear una nueva bandera.
Sí, solo es el viaje, pero nunca me tire antes de chocar. Juntando voluntades, desnudando saludos y galopeando tras un cielo gris, te encontraré. De ahí en más, el brillo de la noche resplandecerá en mis ojos y las masas amontonadas abrirán paso, se ajustarán a un nuevo disparo, caerán y se despertarán en el punto central de mi nueva calle...
X vos, renovaré el apetito.





Mariano (el mito de Said)

miércoles, 27 de febrero de 2008

Aliado a la metamorfosis
















Eran bellas esas noches que ignoraban la estupidez del día y la inmortalidad del sol. Siempre con abrigos desinflables, con chalina y perfume decorado a los ambientes espesos.
Haragán hasta el cuello, pocas veces me entregaba fácilmente al ruido, prefería ser uno más de los colgados en sus increíbles utopías. Era así, ni más ni menos, surfeaba a lo lindo en esa adolescencia al borde de la caída, lleno de infancia en la cara…
Los monigotes del barrio se asustaban a la hora de saludar, se creían que un par de mocosos individualistas podían causarles daño. Nada importaba, los detalles eran parte de la imagen ajena, los pelos al aire, la sonrisa estampada para mostrar el estado, y el miedo interno no se exponía, siempre guardado en lo más profundo del alma.
Largas e interminables seducciones se asomaban en las calles de los recuerdos perfectos. Aliado a la metamorfosis, desencajado y reciclando hojas secas que amoldaban la historia de los estrategas del incendio.
Comer rápido, salir sin pensar, enfrentarse a los nuevos campos de batallas sin palabras, pero llenos de semillas de costillas quebradas, que se doblaban por el solo hecho de recoger un chiste absurdo y ligero. Que pasado tan bello, que tardes soleadas y enamoradas de los rocíos que masajeaban la presencia.
El paisaje de las cuadras ajenas me seducía tanto, que era capaz de saludar a un ciego sin que se me escapara la vista.
Perfección de sonidos, parlantes que agitaban mis sueños, miradas tan espantosas que cotizaban mi alma a la oscuridad. Todo, era todo, hasta los defectos caían sin sobresaltos.
Salado, dulce, agrio, ácido... gustos que saboreaba en cada acontecimiento que se presentaba. Piernas perfectas, besos finales, suavidades vestidas de piel, tragos que chupaban mi garganta, anillos de humos que desencajaban a mis ojos de sangre...Que buenos ruidos, que apasionados ruidos...
Tengo tantos carnavales que amaron a mi rostro, que hoy no sé que hago con la careta en mis manos. Fotos, carteles callejeros, mentiras llenas de verdades, recuerdos claros, pasado luminoso, sin venganzas ni odios por comprar.
Que cambio voraz, que dolor tan sensorial, que días raros, oscuros, desalineados. Cuantos versos llenos de nostalgias...que lágrima compleja y espesa...que corazón repleto de amor y melancolía.
Porqué será que los años no paran de refugiarse en las novelas del ayer, porqué será que no me acostumbro a llevar esa cruz que me arruinó el camino…

Descansa, mañana será otro día...



Mariano (el mito de Said)

jueves, 7 de febrero de 2008

Sumergidos en el fin del adiós



...Despegarse del cielo y saber sentir el sueño en lágrimas; matar el fuego, amante de las cenizas del encanto...

Demasiado ajustado corre el deseo en esta aventura imaginativa, cómo el ruido de las almas perdidas.
Gritando, un ave pide camino, lleva a su pichón al delirio; se enfrentó con el aire, sopló, y volvió a suspirar. Contando sus carcajadas, se vio envuelto en un sol desesperado y sus dientes se abrazaron a los silbidos, que pedían en un grito: ¡¡Espacio, espacio!! Luego cayó, y la tierra lo sumergió.
Un espeso barro los guió, las flores desde un costado sentían el temblor, su aroma, cómo sus pétalos, dijeron adiós. La noche bailó en el entierro, danzó con un cielo abierto al espejismo, donde la sombra se fugó por miedo a perder su figura.
El vuelo se transformó en silencio, el espíritu cesó, y fue al revuelo del espanto, donde nunca más durmió.

“¡¡Satán, Satán!! Infierno de hogueras en llamas, tu canto no viene en códigos de ternura, no lleves la distancia a un desvío peligroso”.

Sólo prohibió la entrada y golpeó sin horas, por temor de perder el tiempo. Endulzó y luego saboreó, probó y luego robó; actuó sin creer que el llanto iba a ser de sudor.
Sin vivir, convirtió al animal en hombre, para dejar en claro su oscura postura. La rebeldía saltó, desapareció y enferma de tantas vueltas, comenzó a desatinar su pasado de rabia, que sólo era un bostezo de caras borradas.
Siguió al futuro, enamorado del destino, por las sorpresas que le regala en cada rincón del paraíso; y volvió a ver un cielo despejado, con nubes sin sentido, ni olvidos, pero sorprendidas por el nuevo camino.

El esclavo alucinó, y salió en busca de nuevos castigos: “¡¡Ya no son de dolor!!” exclamó, enfrentando una nueva visión, que contenga al lastimado corazón.
“¿Desparramar el combinado veneno o penetrarlo en mi sien?” Fue la pregunta que definió el albedrío.

Sólo pudo contener una vida, de lástima y fervor. Ver, fue el fin del querer.
Rara y risueña costumbre de dormir en crueles laureles, empeñado en atrapar y resistir el despegue. ¿Qué será de esta pendiente?

Sólo respetó la caída, luego asumió la derrota, y sin penas, volvió a llenar otra copa.






Mariano (el mito de Said)

miércoles, 23 de enero de 2008

Latido hiriente

Ojos que envuelven tu tierna mirada,
luces que vuelven a iluminar mi corazón.
Gozo en la alegría y observo la belleza al mirar tu dulce rostro.
La eterna pasión regresa para brillar en mi interior.

Sudar latidos en viajes sorprendentes (siempre chispeando).
Dientes que se encierran por miedo al delito,
manos que se atrapan buscando excitación;
pero el sabor de tu frescura es mi gran atracción.
Desear que tu amor llegue a mi duro corazón,
solo desear, para luego disfrutar el dulce paladar de tu irritación.

Respirar la sentencia de tu olor,
flor de corazón, rabia por decir ¡no!
Si seguro es el fiel y eterno lobo,
no sería un error comer el cuero de otro amor.

Por solo latir en tus huellas,
descifrarás el sueño del pobre iluso de esta tierra,
que sigue cometiendo siempre el mismo error,
danzar en suelos ajenos, sin creer que es una prohibición.

(El corazón doliente, envía sus letras a su latido hiriente).


Mariano (el mito de Said)

viernes, 18 de enero de 2008

Amables perdidos



Tantas preguntas juntas, desaparecen en el inconsciente. Un buen día las respuestas terminan por fallar y las caras no solo serán imparciales, el desconsuelo terminará por acobardarnos.
Vivir sin expectativas, dependiendo del tiempo, buscando entretener el momento, para que el fuego interno se despabile del sueño.
Atados a un camino lleno de acrobacias, meditando en el equilibrio, creyendo en la caída como un plato más. El suelo, el cuál pisamos, continúa humedeciéndose, las piernas tiemblan al abrirse, el dulce beso cosquillea, pero lo más agradable se escapa en las dudas.
Los dedos siguen apuntando al pensamiento, los ojos solo observan el decaimiento de su visión frente a la sombra, donde las lágrimas patinan en el rostro y el suspiro puede calmar solo al desesperado e inquieto grito (ese fuerte aullido de lobo , amante de la luna , penetrante en los hocicos débiles , quienes mueren por no respirar).
La sentencia de cada instante, se repliega en el bienestar. Las caricias desafortunadas , siguen comprendiendo al eterno cachetazo, la boca del cliente responde en base a su amo; éste es reconocido como el abismo de la indiferencia colectiva (tantos golpes juntos , derriban nuestra esquina).
Las calles derramadas de saliva, emprenden el enfrentamiento a los posibles caídos, quienes con manos abiertas (como pidiendo perdón), te sorprenden en el momento menos esperado, atemorizando a la memoria.
La incansable madre del recuerdo , intenta despojar todo ruido a olvido, pero la pérdida del sentido nos esclaviza cada vez más al regreso, quién se sigue alimentando del pasado.
Grandioso viaje , las estaciones están llenas de vendedores de almas, nosotros, amables perdidos, no diferenciamos ni a la buena salud y continuamos comprando materiales mortales.
La voluntad , ciega y vencida (no saber aprovechar el momento).
Las fantasías son extrañas , te muestran el amor vagabundo para ilusionarte y luego te lo roban en tus propios sueños.
La orilla sigue repleta de cardos, sangre y ardor, es así amor, los detalles quedan para la vuelta.
Con piel seguiremos rozando, para reconocer el verdadero contacto... ¿El futuro seguirá pactando con la soledad?



Mariano (el mito de Said)

martes, 15 de enero de 2008

Querida orquesta...


Podría ver todas las cosas con un solo ojo, podría decir muchas veces que estoy al borde de los otros, y pensar que sólo soy un estorbo, que no quiere salir sin observar sombras, físicos y molinos de silencio.
Me lastiman la cabeza los sépticos que disfrutan de mi conciencia, trago y trago duros recuerdos, que son parte del juego. Es simple, hoy me retiro del viaje y mañana vuelvo a contagiarme.
El sol de mi tierra es demasiado pesado, sus rayos de luz son tan tristes, que envejecen mi rostro como piel de tortuga, y ni hablar si mi voz se calla, me creo un director de orquesta queriendo movilizar los instrumentos con las manos, y al sentir el sonido de la melodía lo implanto como algo mío...¡¡Pero no!! Todo sigue siendo un dulce deseo. Y me alejo, me alejo, me alejo...
De estas novedades que no anuncian, de esos “rosarios” que siguen lejos, de las frases que dan vueltas y escupen palabras, de los tipos necios que se convierten en profetas, de esas pibas que pervierten la inocencia y de mis miserias que lastiman mi bocado.
Miro a todos lados, veo como las calles se derriten y la selva de los mortales se está derrumbando. Insisto en b
uscar el otro ojo, ese que está en el centro de la frente y mira todo de una manera fija, tan fija que se limita solo a disparar uñas filosas y delicadas, esperando poder pintar un paisaje de soledad colectiva.
Señores reyes, se pide clemencia por ésta conmovida fuga de espejismos, sólo se desea un poco de aire que refresque este aluvión, que tortura las costillas y no deja gozar ni un segundo de vida. ¿Es mucho pedir?

(A pesar de las ruinas que muestra esta tragedia, silencioso aparecerá el llanto de las niñas que sufren el atardecer. Se cansan de ser atendidas por gritos, y sufren tanto, que no tienen consuelo ni en los brazos del fuego).




Mariano (el mito de Said)

miércoles, 9 de enero de 2008

Yo sigo... ¿Y vos?













Parece que todo acaba de concluir, los episodios fueron quedando atrás y los bretes que impuso el año (atropellado por miserias) se empiezan a fundir.
Movilizamos decenas de sensaciones, fumigamos los altos prejuicios que condenaban sin precio, y sobre todas las cosas, aprendimos a no regalarnos a la confianza, que a veces se viste de distancia, y nos enrienda en huecos de sangre helada.
No se para de contaminar, el cuerpo admite y resiste, pero no se estremece y eso no es piadoso, ya que la señal de advertencia se presenta sin tregua, y uno por creer que es indestructible, se lleva puesto un dolor tan fuerte que representa un débil y fugaz trance.
Los tiempos cambian, las protestas buscan regalos, los diccionarios palabras, las bocas se secan y los estúpidos aplauden. Siempre está alterada la pobreza, pero esas canalladas que te entregan los impersonales, te terminan por construir un espacio para la ruina... “Basta de dormir, empecemos a vivir”.
Miren el barrio, miren sus manos, nacimos para desenterrar los destinos, estamos tristes y alegres, somos parte del visor del mundo, protegemos y entregamos, callamos y gritamos, nos hunden, nos aplastan y seguimos andando. La colectividad de estos pagos y su morisqueta, juntan leyes, se refugian en simples estandartes, y leen lo que “los dueños de la verdad” establecen en los libros de alto grado de inflamación consumida.
Fijamente repaso el siguiente paso, desencuentro y pudor, bajar y bajar, las noches van quedando sin aliento, mientras los desgraciados de ésta escala, esperan con ansias que las imaginaciones destructivas de Einstein sean representadas en su cuadra barrial, allí donde partieron sus vidas y enseñaron la calidad desastrosa de los inmorales.
Parece que los días apuran lapidariamente nuestra lucha interna, donde los nervios saltarines nos accidentan la salud, y recaemos en pensamientos cruelmente afinados en un sonido agudo.
Juntaremos las monedas de la felicidad, empezaremos tomando el mejor de los deseos para festejar el desequilibrio que abunda y se retrasa en las esquinas que caen en picada; sí, en esos lugares no hay salida.
Por favor!!, todo sigue acumulando fanatismo, y la idea no es la que empezaste a seguir, y eso hace que te cerques en un mercado de fantasías despiadadas y afligidas.
El tablado de nuestro afable sueño, es el abrigo de esta triste declaración, que sigue de frente, y aguantando las miradas de los que condenan y de los desalmados, por eso las cicatrices de nuestros ojos son por falta de aire, y no por falta de relajación.
Aprendimos algo nuevo este año, seguro que una nueva mirada nos cuidará del fallo cometido en el camino finalizado, como siempre a los golpes, pero lleno de miradas renovadoras y por si alguien duda, de felicidad... Acá estoy tornado, acá estoy preparado para el nuevo desafío, la mochila está cargada y los ojos atentos a todos los movimientos, avísame cuando empezamos, mi pecho ya es de metal.




Mariano (el mito de Said)

lunes, 17 de diciembre de 2007

El Señor de los Sentidos




En tratativas se encontraba la mirada atenta del Señor de los Sentidos, se debía seguir el rastro de sus huellas tan selladas y constantes, por las heridas sufridas la noche anterior.
El sol ardiente se acababa de ubicar en la cabecera del “Castillo Sensación”, su inocencia seguía observando atrevida, mientras el ruido de los vehículos no paraba de sonar, la música a sus espaldas guadañaba la terrible inspiración.
Calor precoz en el rostro de nuestro Señor (que no paraba de acechar), tantas visiones habituales que muestran otro color, bautizaban la sensación del momento.
-¡¡Subirte y rajar junto a la tranquilidad, tan perversa y animadora de sueños!!- fue un grito emético y escurridizo...
¿Se vendrá otro mundo?, se preguntó sugestionado.
El objetivo sería amoldarse a él, acercarse al presente y mostrar los cambios que verificarían el escenario. (Nunca nos ocultamos en la felicidad y corremos siempre por las calles de soledad).
Restos de cansancio anunciaban el paisaje, resignación de olvido, amuletos de risas y saltando el sentido. Poca cosa para tan siniestro encuentro, creyendo que el ayer era el único fastidiado amor.
Los servicios que donaba la noche, acaloraban el motor, las pequeñas rosas se abrían, y el Señor de los Sentidos comenzaba a sentir el sudor. (Gotas del pecado, salvadores sin gestión, el gusto es lo que tienta y el milagro es sanador).
Las pasiones desenterraron la fresca oscuridad, tendido de valor, comenzó a bancarse su propio infierno, los secretos fueron divulgados en su espejo, que anunció sin avisar el sacudón de este jugoso encuentro entre el pecado y el pecador; risas rotas y un paño de decisión.
Ajeno al servicio de su voluntad, las verdades lo comenzaron a sugestionar: ¡¡Cuidado Capitán, te corren los sentidos, activá...!!
Lo propio garantizó la venganza y el Señor de los sentidos, quedó sin esperanzas...




Mariano (el mito de Said)

viernes, 30 de noviembre de 2007

Un leñador del montón



¡¡Pará, pará, pará enfermo de la noche!! No te atrevas a guiar mi espíritu, estoy en velas, estoy en rejas y mi cuerpo no se jacta por negociar con los recolectores de tristezas.
Ya sé, no me digas nada, lo de anoche fue un simple suspiro letal, pero atornillado en la cama te olvidaste de rezar, y vino el más tenebroso de todos y te escupió el ombligo y espumaste lombrices.
Asquerosa humildad de tránsito, me embriagué de amables novelas y me sentí todo un “dealer”, ahora me caigo en los lugares más nefastos, arto de rifar, vendo todo...
Sé que no es fácil resistir ante los contingentes de la súper novedad, sé también que los gritos de los hambrientos desespera, pero la razón es el regalo de esta escena; tan muerta en sus actos y celosa de las manifestaciones esquizofrénicas.
Mas vale que sientas este rugido de “santos manipulados”, es así, las correspondencias son una simple espera, lo que nos pervierte es la tristeza de que los leñadores ya no saben del fuego. Es así hermano, no quedan notas escritas ni palabras sedientas, todo es más caro de lo que pensás, ahora te venden hasta lo que no comprás.
Todos por lo mismo!!! Arrogantes y discípulos de la venganza. Son tan pocos los que nos esquivan, que es la hora de mostrar los números que marcan los lecheros, esos tipos sí que son retazos de residuos.
Mañana te juro que no saldré al sol, ya me quemé demasiado, ahora debo reciclarme...



Mariano (el mito de Said)

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Sensación de sentir el fuego en la piel



Partir el espacio y vibrar de encanto,
Contagiar la risa y moquear el llanto,
Crecer desnudo y caminar descalzo,
Sentir tu mundo, viajar en tu barco.

“Terrible efecto de sentir el fuego”.

Distanciar los ojos y mirar de cerca,
Compartir emoción, difluir la tormenta,
Repetir los sueños y vivir despierto,
Creer lo que siento, rompiendo el lamento.

“Terrible efecto de sentir la piel”.

Hundirme en el suspiro, envolviendo pasión,
Saber que las manos se estrechan en busca de calor,
Llegar al límite y descarrilar amor,
Caer al suelo y saber que estas vos.

“Terrible efecto de sentir sensación...”




Mariano (el mito de Said)

martes, 6 de noviembre de 2007

Un segundo, nada más...



Bajo la luz de los astros, el cansancio de su alma se empezó a derretir…

Los frascos de la tierra dulce me van a depositar en locuras encerradas de abstinencias. Arde mi estomago (blancos fijos irremontables a la vista), francamente me finiquito en consejos notables, que no quieren saber nada de los rancios espacios, llenos de rumores ciegos y corazones lentos.
Sos una pequeña inyección de tu propio veneno, lastimás hasta convertirte en gusano, despedís amor, amor, y te entregas a la accesibilidad…
Me está costando reunirme en los festejos hereditarios, ya no es lo mismo, la muerte está en todos lados, y nosotros nos manejamos de acuerdo a la velocidad de los días. Pasan los números adictos de vejez; miro mis espadas y ya no clavan, ¿será por falta de bendición?
No sé si actuar ante las ausencias, no sé si la despedida será eterna, por las dudas, la sombra me anima a seguir…
Nunca más me acostaré sin sueño, crecen las flores en ronda, y el espíritu bobo, me contagia de deudas imposibles de pagar.
Me parece que soy el encargado de hacer las piruetas, y no puedo esquivar esta chance tan engorrosa.
Ganar o ganar, si pierdo, todo quedará oscuro, y no es la idea de escuchar cargadas llenas de violencia. Éste juego me encerró, me fastidió y me puso a pruebas con “el de arriba”. Me parece que ahora es la hora de mostrar el cargador y disparar el ardor del quemarropa.
“Lunita” llena de altura, fresca amiga, me quiebro una vez más, y seguro, que esta vez el show me desobedecerá.
Mi vida es un nuevo escenario, atletas (entrenados) están esperando largar, pasivo lugar de escape. Por las dudas me franquearé con mi fiebre, y le pediré que me suelte el miedo que no para de pasear por mis novelas nocturnas.

No me queda lectura, el ruido de crecer me propuso extrañarte, acariciarte y para colmo me crucificó de antemano.




Mariano (el mito de Said)

sábado, 27 de octubre de 2007

El virus del tabú




Si se prenden las hormigas en tu cuello, tanto puede ser el ardor, que tus símiles huesos se partirán de dolor.
No has cambiado nada de lo requerido, tus voluntades fueron aprobadas, por ahí, puede pasar que tus nervios te jueguen una mala pasada, pero si te atas los cordones de la duda, es muy posible que se te termine la cordura.
Enfermo amigo de ruta, no has modificado nada en cuanto al discurso, varias metáforas, un par de fraseos y todas las mañas para convencer hasta al más cuerdo.
No me acuerdo de donde venís, se que sos un poco farandulero, te gusta corretear con las noticias y divulgar a medio mundo tu eslogan nuevo.
¿Será el nuevo hombre, el que siga tus consejos o se remitirán sólo aquellos que aún les gusta el recuerdo?
Sos un tipo muy paradójico, a veces no entiendo tu juego, te crees el mejor de los "punteros" pero a la vez sos un ingenuo. Gastan tu jeta los testaferros del encuentro, te conmueven y vos llorás, pero después te escupen el suelo.
¡Ojo, al piojo! (dicen los que saben).Que no te duerman los tabúes, que para prohibido ya está vos (no olvides que sacaste varios números, y es posible que te empiecen a espiar), mirá que si seguís de moda, vas a quedar estampado en un cartel de refrán.
No es fácil recordar cuando la memoria se pone pesada, pero los consejos que mastican tu honradez, se entierran en muchas miradas y pocas palabras. Plasmar el dedo acusador te convierte en un tirano de lujo, rodeado de “perejiles” que se someten a tu rencorosa canción.
¿Apuramos el trámite o remendamos el error? (A ver si la ves, que está ahí nomás, a tu lado…)
Siempre te negaste a mostrar tus divinas miserias, francotirador de ideas fascinantes, sos un emprendedor y rector de mentiras piadosas, enfermo de poder, criado para romper.
Desde el principio hasta el fin me conmueven tus llantos, que esconden varias balas perdidas, que cagaron tu felicidad.
En pocas ocasiones ésta vida te sorprende, te enriquece, te endulza y te envuelve. En pocas ocasiones, la muerte es un regalo…
Nunca es tarde para tomar el “bondi” correcto, es importante saber, que no siempre cuando uno se contagia es por culpa de “aquél virus” (las costillas se contraen cuando la picardía es el recreo de las penas). Por eso, a veces la enfermedad es encubada por el propio talento, que al ver el progreso de sus discípulos, se convierte en el peor de los cristos, donde cargar la cruz es el cometido de los ventajeros.
“No te fastidies, que la barba crece sola…”
Mariano (el mito de Said)

martes, 16 de octubre de 2007

Navegando por la ansiedad

No sé que sucede en tu interior, todo es raro, sientes presión, sientes temor, sientes miedo a que los sueños se depriman.
Lamentablemente nada es seguro, los ojos ajenos se encarnan en la envidia, y todo se transforma en un sucio juego de espías.
Tantas críticas negativas pueden destruir el hermoso castillo que imaginas, los perdedores te buscan para que sabores la derrota
¡Sí! Es una lástima este momento, pero debes seguir.

¡¡Ayúdame, no quiero caer, protégeme, no quiero sentir la helada caer!!

Hoy hablaste con el mejor, y te dijo que la pobreza de lo querido abundaba, te tiró todas las malas noticias, y luego te dijo “te espero...”
¿Porqué no buscan convencerte que todo va a cambiar, y que la suerte algún día va a brillar?
No quieres más, no digas nada, solo aguanta lo que viene, y mañana contarás lo que te sucede.
Falta poco y te irás a navegar, la ansiedad te espera, los nervios serán la carta de presentación, pero esa noche, te lo aseguro que darás lo mejor.

¡¡Ayúdame, no quiero caer, protégeme, no quiero sentir la helada caer!!



Mariano (el mito de Said)

domingo, 14 de octubre de 2007

Desarticulando las penas que los alimenta




Lentamente me empiezo a destruir…
Me saco una uña, ya no rasguña, es una lástima, pensar que viejas tierras ensuciaron su esmalte, su aroma, su superficie.
Me quedan pocos pelos, en la lengua nunca tuve, en la espalda algunos, en el pecho son pocos, solo abundan en mi otra vida, fiel a mí, placentera como ninguna.
El olfato siempre lo regalé para que me sirva la nariz, pero todo lo que aspiró se convirtió en dolor. No me queda otra, busquaré un nuevo resfrío.
Para que seguir contando, si al fin y al cabo me voy a destruir…; pero es verdad, a la gente le gusta la morbosidad.
Por eso creo, que las manos deben ser ahorcadas, es la única manera de asfixiar su libertad, sus movimientos, su calor…Me da pena confesarlo, pero se han sumergido muchas veces en lugares donde abunda la felicidad.
Me estoy torturando, no puedo engañarme más, es así la desgracia, tan perversa como las rameras que deambulan en las esquinas, en busca de algún chiquillo suelto. ¡Sacrilegio, Dios!
No miro, ciego, tuerto, visco, pirata y dilatado, las secuencias se acostumbran a reflejar la claridad que enloquece al zoom de mis pecados, esos que hice para conocer la belleza de los días. Hoy mis lágrimas se deslizan en gotas rojas, llenas de ardor, empañando mi cara y sacudiendo la rabia de saber que mis ojos ya no miran, solo atinan a pestañar y ser observados como simple reflejos de la oscuridad. Por eso decido vendarlos, para que sepan que la noche está por venir.
Gatear, esa es la idea que nos brindan los formadores de esperanzas, a partir de aquí decidiré arrodillarme y serle fiel a los reyes de la envidia. No caminar, no correr ni recorrer, no saltar, no patear, solo arrastrarnos nos verificará el paso a la desintegración brutal. Es la que queda, ser inocentes, gatear y volver a los días de niñez para ver bien de cerca la basura.
Así que mis piernas serán torturadas a golpes hasta que sus huesos no sean el equilibrio y la firmeza que necesita el hombre para su elegancia vital.
Para que seguir contando, si al fin y al cabo me voy a destruir…, pero es verdad, a la gente le gusta la morbosidad.
Hace tiempo que no hablo, solo opino, por eso debo terminar con los movimientos de mi lengua, ella es la culpable de todas mis palabras divulgadas, de mis frases de amor, de mis puteadas al aire y de los besos llenos de fervor. No merece seguir mojada, ni siquiera saborear y escupir. Su gusto es pobre para los eternos desabridos, no queda otra, deberá ser cortada y estrangulada, para que no pueda decir más sus verdades y de una vez por todas entregarse al silencio.
Sigo pensando, y eso está mal, sigo soñando y eso no es lo que nos enseñaron, sigo escribiendo porque mi cerebro no para de maquinar, debo desactivarlo, para que sus conclusiones no sean imperfectas, recordemos que me estoy destruyendo, y si él sigue contagiando a mis pensamientos de ideas, no terminaré con lo acordado. Bueno, no queda otra mis queridos, es el fin, un golpe letal será el encargado de finalizar éste inmenso mundo de nostalgias, ya no hay tiempo, los minutos se transformaron en segundos, debo terminar con mi escrito, es el final. Sin ojos, sin nariz, sin lengua, sin manos ni uñas, sin piernas, solo me queda autodestruirme el cerebro, es el último paso…



Algo raro pasa, mis palpitaciones son cada vez más rápidas, no paro de suspirar, una sensación de sentimientos me ahoga, no me deja tranquilo, me contagia de risas, de ganas de abrazar y sentir calor, siento felicidad, ardor interior, cosquillas en todo el cuerpo.
¡¡No, no, no!! Es un latido, es plenitud, es amor... que pasa, no entiendo, era el último paso, y todo se dio vuelta…
¡No para de correr mi sangre!
Siento fuerza, ganas de gritar, de correr…¡¡No, mi corazón, no!!



Mariano (el mito de Said)

viernes, 12 de octubre de 2007

Ahí nomás, por donde camina la obsesión



No siempre la opinión de los orgullosos derrama necedad, a veces sus conclusiones pueden estar escondiendo algún camino en busca de un bello paisaje, que se desmorona cuando el atardecer de las palabras lo perturban con definiciones sinceras y delatadoras de su propio interior.
En la alegría de los demás está su molestia, su ofensa es juvenil, y por su casa pasan los recuerdos de varias tristezas.
Convidan indefinición, viven de todo lo que se pierde, parten los sueños y dejan de ser ciudadanos del amor.
Ya su muerte es perseguida por los necios, y no hay vuelta atrás Es cierto que los que aman de palabra no conocen el placer, pero también es verdad que la piel sabe distinguir la suavidad de la soledad.
No son muchos los secretos que guardan, su dicha no es muy ufana, retroceden en los encuentros de pasión, pero se excusan diciendo que su capacidad no está preparada para perder su tiempo; y a eso, le llaman “valor”.
Ciega, la realidad es tan pecadora que nos pide perdón, y el mundo gira a sus pies…
Ya se caerán a pedazos los funerales de los canallas… ¡Qué tiempo bendito nos regalan estos orgullos, portadores de la palabra del Señor!
Cuanto vale más, si tanta es la miseria, que el pan de nuestros días se bendice de economía, y la miseria de los tronadores se registran en calenturas de poder.
Cual es el orgullo de saber lo que pasa, si las noticias son crucigramas de melodramas. Hasta que punto siniestro se desnudan los pensadores, que razonan como se estremecerá el cuello de tus venas, para sacarte un poco más de sangre. Luego la culpa se encadena a los miserables mosquitos (esclavos de tu comodidad), que siguen dando vueltas para recoger un poco de vergüenza.
Ya hemos besado cada una de las flores y la boca seca (por falta de sabor), saca la lengua para relamer un poquito más de mentiras.
¿Donde pondremos la cara? ¿Qué le diremos a la gloria? ¿Qué le explicaremos a la luna cuando todas las noches que vivimos, fueron falsos gemidos?
¿Cómo le digo a mi orgullo que todo fue una gran mentira?
¿Cómo se lo digo...?




Mariano (el mito de Said)

miércoles, 10 de octubre de 2007

Zafar, espiar, chocar, bajar y saber escapar...



Hiere la noche y las contemplaciones empiezan a surgir. No siento la pasión que distraía a mi tristeza, parezco una hormiga devorada por una suela, sin estribos me decoro en la melancolía, más de una vez me soñé feliz, pero a veces la memoria se suaviza en llantos.

Antes de caer me propongo escribir, la descarga de varias emociones me ayudan a flotar, y eso es más que valioso en esta sopa de vinagre.

Mis amigos de miradas cómplices están lejos, algunos en su mundo marginal, otros derritiendo su vida en los brazos del sol, mientras mi piel sigue buscando un lugar donde descubrir su suerte.

Miserias de nidos agotados, que verdes se encuentran los frutos de mi tierra, poco son los brotes, pocos son los colores que pintan el río de mi niñez, que no la sé distinguir en las imágenes psico-pasadas.

Ayer era todo más lento, ahora no me alcanzan los pulsos para respirar, me acuesto y no paro de pedirle a “mi amor” que no me deje perdido en mis postales de sombras (Ella se fue, hace tiempo, y sigue presente en mi vacío. Él esta solo, pero existen placeres y por eso está vivo, en cambio, ellos formaron inocencias que les calmó un poco la tristeza de sus almas), que hacen que éste insospechable corazón sea un tambor en pleno ritual, esperando e imaginando día a día la decisión que refresque la tranquilidad que busca el pensamiento.

La historia se dibujó así, es parte de la sangre heredada por mi “diosito”, por eso sigo, patinando y escuchando propuestas, besando amores raros (pero que saben querer), despidiendo los días como si mi bolsillo fuera un banco en plena acción, y espero, espero, espero...

Zafar de ésta rutina que me inquieta y me sacude el alma.

Espiar las intimidades más voraces antes de acudir a mi fracaso, chocar la puerta de una vez y besarla de un golpe, bajar de mis adicciones y saber vivir para ayudar a mi abstinencia, escapar de las imágenes del futuro, para saber sentir ,de una vez, lo hermoso que es estar sin dudar”.

…A mi lado continua esperando mi flor, no se marchita por que sabe de mis dolencias, pero también me pone a prueba, para ver si mis reflejos saben criar nuevas sorpresas, que contagien de cosquillas el cuerpo, para que vibren mis ojos y descubran una nueva mirada.

Acá estoy, sentado y aguantando mis incertidumbres, ayer fueron morales, hoy son carnales, y si no decido frenarlas, me escupirán la cara y nunca más podré volver a sentir lo que es mío.


Mariano (el mito de Said)

Transparente amor (siempre enjuiciado)


Elocuentes y rápidos, fragancias desordenadas aspiran por acá. Los niños del nuevo siglo creen ser atletas de la indiferencia, regalando retazos de risas y suspirando válvulas de acero para poder registrase en las nuevas colonias ambientales.
Es así este recambio de ánimos, los más duros se siguen colgando de las bolsas de residuos, mientras tanto, los frágiles soñadores (humillados por desconcierto) desatan polvos mágicos para contener sus recetas de cómo poder sostener sus piruetas día a día.
Animales en celo, repudian los acontecimientos de los viejos luchadores, que levantan carteles hasta en las huelgas piqueteras. Qué novedoso y artificial parece éste nervio partido, demoledor de arterias y latidos perdidos.
Se arrepienten todos los gritones, después de resumir sus cuentas y verificar sus miedos, se desnudan ante las autoridades, perdiendo todo tipo de inocencia. Casi sin promesas corre el río de éstas piedras, que se amotinan en tu espalda y te oprimen la elegancia.
Nadie se hace cargo de tus bondades, sólo te advierten del nivel de reputación que te toca, y es así como se desesperan las lenguas.
“Cuando más sed tenéis, más ruido hace tu nuez...”
Este cielo de fin de año, promete viejas deudas, que se regalan en ferias descompuestas de esos nuevos bolcheviques, que revientan de hambre en frente del congreso de los “nuevitos melchores”.
Milagros de escape, titubean los alguaciles, con lágrimas de viento y risas de puro espamento. ¿Será puro cuento?
Bendito sol, estoy llegando al final de mis puras sensaciones, humeando el carro despido tristemente las ausencias, es así, creo que si sigo gateando me van a gorrear.








Mariano (el mito de Said)